Supercerebro

Estamos viviendo una era de impresionantes descubrimientos en todo tipo de disciplinas científicas, sin las cuáles, querido lector, no sería posible ninguna innovación de las que disfrutamos hoy en día. Avances que iremos analizando en esta serie de artículos, y que actualmente, y como ejemplo, nos permiten guiarnos con navegadores GPS solo gracias al conocimiento de la teoría de la relatividad, o hacen posible crear nuevas células y bacterias beneficiosas, gracias a la ingeniería genética, o nos permiten disfrutar de los dispositivos móviles, gracias a la física cuántica. Analizaremos avances actuales que nos parecerán increíbles, casi mágicos, que no hubieran sido posibles aplicando nuestros conocimientos de física clásica, ni nuestra lógica humana, y mucho menos nuestra intuición, porque hoy ya hemos descubierto que el mundo, realmente, funciona de forma muy distinta a lo que creemos ver y sentir.

Vamos a comenzar esta serie de artículos con un avance científico que permite aumentar increíblemente nuestras capacidades cerebrales. Ahora se está consiguiendo en el laboratorio, pero en un futuro no muy lejano parece posible que estemos en disposición de comprarnos un casco que nos permita seleccionar en cada momento qué función cerebral queremos potenciar, y de esta forma autoprogramarnos.

Imagina por un momento que estás estudiando y programas la función “Gigamemoria” o “Superlógica matemática” y sacas un 10, o que quieres pintar un cuadro y seleccionas “Megacreatividad” para realizar una obra de arte, luego vas a jugar un partido de pádel y elijes la función “Multicoordinación muscular” con lo que arrasarás al equipo contrario, o vas a dar una charla y entonces necesitas el programa “Hiperelocuencia” con el que dejarás a todos con la boca abierta, y así con cualquier otra capacidad según sea tu necesidad puntual.

Para conocer su fundamento, conviene revisar algunos antecedentes:

-Experimentos con chimpancés realizados en la Universidad de Kioto, en los que se mostraban una serie de números distribuidos aleatoriamente en una pantalla durante una escasa fracción de segundo, los simios eran capaces de indicar después sus posiciones exactas en orden numérico, mientras que los humanos fallábamos.

-En la Universidad de California en Santa Bárbara, se realizaron pruebas en las que individuos que observaban diferentes escenas, erraban al recordar detalles si previamente se les obligaba a explicar la escena con palabras.

-Por último, los casos de autistas superdotados (como el protagonista de Rain Man), que son capaces de memorizar rápidamente cantidades ingentes de información, o de realizar dibujos, de memoria, con una precisión apabullante.

En todos los casos parece que la precisión en la memoria y el procesamiento objetivo de datos son inversamente proporcionales a las habilidades sociales y el uso del lenguaje.

A partir de aquí, en la Universidad de Tilburg, Holanda, se seleccionó a un grupo de personas que sufrían de Ceguera Cortical, es decir, sus ojos funcionan perfectamente, pero por alguno de los dos no ven las imágenes porque éstas no llegan a la Corteza Visual, situada en la parte posterior del cráneo, y a la que llegan los nervios ópticos de los ojos. Cuando les mostraban fotografías con carga sentimental por el ojo que no veía, no recibían la imagen pero increíblemente ¡si captaban el sentimiento y lo imitaban con sus gestos!

Profundizando más, en la Universidad de Exeter, Inglaterra, se ideó un experimento similar pero provocando la Ceguera Cortical, con resultados sorprendentes. Se mostraban en una pantalla dibujos simples de caras con sonrisa o con tristeza durante una fracción de segundo, pero durante ese mismo tiempo se paralizaba la Corteza Visual mediante estimulación transcraneal magnética, es decir, aplicando un campo magnético. Los voluntarios no podían describir la imagen, pero igual que en Tilburg, eran capaces de transmitir que habían percibido la sensación de alegría o de tristeza. El significado de esto puede ser apasionante, pero no es el objeto de este artículo. Lo importante aquí es que paralizando una función cerebral como la recepción visual, se aísla y potencia el reconocimiento inmediato de patrones externos de comportamiento ¡sin procesar la imagen!, algo vital para nuestra evolución como especie porque permite la reacción instantánea ante peligros.

Finalmente, en la Universidad de Sydney, Australia, y en Harvard, Estados Unidos, pensaron que si forzasen con campos magnéticos la paralización de todo el hemisferio izquierdo cerebral, que es el que gobierna la lógica y el habla, podrían potenciar el derecho que está especializado en la intuición, la creatividad y la memoria visual. Y en efecto, consiguen que mostrando una imagen compuesta por un conjunto de más de 100 puntos durante unas décimas de segundo, el sujeto pueda contar los puntos, o que pueda dibujar con un realismo asombroso, similar a los autistas superdotados. Actualmente experimentan con distintas zonas cerebrales, y están asegurándose de que el sistema no produce efectos perniciosos.

Puede que en un futuro no muy lejano nos regalemos el último modelo del casco “SuperBrain”. El inconveniente es que para potenciar una función cerebral se ha de paralizar otra, de forma que sería vergonzoso que se activase, por ejemplo, la “Hipermemoria visual” cuando estuviéramos hablando en público, ya que esta función se consigue paralizando la del lenguaje… tendríamos que resetearnos.

Por eso, el éxito como seres humanos se seguirá logrando como siempre, sin casco, con un equilibrio inteligente de nuestras “limitadas” capacidades.

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