¿App móvil o Web móvil?

Según ha publicado recientemente la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones en su último informe económico, el mayor crecimiento del sector en nuestro país durante el ejercicio 2011 corresponde al número de usuarios que acceden a Internet de forma activa a través de smartphones, un 92% superior a 2010. Este dato no hace más que ratificar las previsiones de los expertos que aseguran que en 2016, más del 80 % de las conexiones de banda ancha a nivel mundial serán móviles. En este escenario no cabe duda que cualquier empresa que quiera ofrecer sus productos o servicios a través de la Red debe tener en cuenta esta tendencia a la hora de definir una estrategia de movilidad adecuada para relacionarse con sus clientes.
Una de las primeras cuestiones que surgen en el momento de definir estas estrategias consiste en decidir si apostar por sitios webs optimizados para su visualización desde los navegadores incluidos en smartphones y tablets, o por el desarrollo de aplicaciones propias instalables en dichos dispositivos (comúnmente denominadas apps, abreviatura del vocablo inglés applications). Si bien es cierto que las cifras que cuantifican el mercado de apps móviles son espectaculares (centrándonos en las dos mayores tiendas de apps, Apple App Store y Google Play, hablamos a día de hoy de más de 1 millón de apps disponibles con un total de 50.000 millones de descargas), no se trata de seguir una moda invirtiendo en la creación de este tipo de aplicaciones, ya que en algunos casos será más eficaz, y seguramente más económico, optar por una web móvil para relacionarse con un determinado colectivo o para publicar cierta información.
No obstante, en ocasiones sí puede resultar rentable beneficiarse de las ventajas que aporta una app móvil frente a una web, y que radican principalmente en la perfecta integración con las capacidades del dispositivo en el que se encuentra instalada (cámara, GPS, etc.). Mediante una buena estrategia de desarrollo, esto puede traducirse en una mejora de los servicios que se ofrecen  al usuario incorporando, por  poner un ejemplo, mecanismos de realidad aumentada, geolocalización, códigos QR o pagos NFC. Es imprescindible  identificar qué capacidades del dispositivo pueden aportar ese valor añadido a nuestro negocio para justificar la inversión. En la misma medida, existen otros factores diferenciales que pueden influir en esa decisión, como la posibilidad de utilizar una app móvil incluso sin conectividad a Internet, algo que redunda en una mayor implicación del usuario con la marca al estar presente en todo momento en su dispositivo, o como el mejor posicionamiento que ofrecen las tiendas de apps frente a los buscadores web gracias a la categorización y las recomendaciones, propiciando la aparición del servicio en las búsquedas con mayor probabilidad.
Saber alinear negocio y tecnología de forma efectiva es clave para asegurar el éxito de este tipo de iniciativas y, en definitiva, para garantizar el retorno de las inversiones.

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