Formación en Informática

Estudiar una carrera  universitaria  relacionada con las TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) sigue siendo una buena inversión para los estudiantes. Disponer de un título de Informática o Telecomunicaciones, quizás no garantice un puesto de trabajo, pero lo facilita bastante.  Y no es de extrañar; nuestro mundo está cambiando a velocidad de vértigo; Internet, las comunicaciones, la tecnología invade todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida: la manera de producir, de vender, de relacionarnos con nuestros clientes. Y las empresas e instituciones necesitan adaptarse rápidamente a este cambio frenético, y ello sólo se puede hacer con conocimiento, con profesionales cualificados. Es una trivialidad decir que son profesiones de futuro, de mucho futuro.
Si ahora lo compramos con las carreras que eligen nuestros jóvenes vemos que hay algo que no cuadra. De los cuatro grados relacionados con las Telecomunicaciones  que imparte nuestra Universidad de Valladolid, tres tienen una nota de corte de 5, y sólo en una se exige un mísero 5,8. En Informática estamos un poco mejor, con unas notas de corte en torno al 6.  Contrasta ello con el flamante 9,1 que se exige en Arquitectura para su acceso (y yo creía que esto de la construcción no estaba en su mejor momento). En Ciencias de la Educación (magisterio para los más talluditos) se ofrecen 440 plazas en Valladolid, 240 en Palencia, 160 en Soria, 200 en Segovia y, en fin, otras 200 en la adscrita Fray Luis de León. Las 80 plazas para los dos Grados en Informática que se ofrecen se me antojan un poco pobres, menos que las 100 que ofrece el Grado en Periodismo y una nota de corte de 7,1.
¿De dónde viene este desajuste?  De una parte parece obvia la responsabilidad de la propia Universidad. Aún sabiendo que tiene una organización muy peculiar y que es arrastrada por el peso de la tradición, se le debe exigir una mayor proactividad y agilidad en el ajuste de sus plazas a las necesidades de futuro. 
Pero además es necesario hablar claro a los estudiantes;  deben saber cuáles son las expectativas de trabajo de cada uno de los grados de los que se ofertan en la Universidad.  No se puede dejar sólo a los colegios e institutos la organización de las charlas de orientación profesional que, con muy buena intención, organizan entre sus alumnos bachilleres, 'tirando' de los propios padres para dar las conferencias. No parece la forma más profesional de hacer las cosas.
Debemos luchar también contra los estereotipos que transmite la sociedad respecto las carreras técnicas; la imagen del informático introvertido, aislado en su mundo  y con poco éxito social forma parte del subconsciente colectivo. La realidad, afortunadamente, es muy diferente.
Y es una buena idea fomentar la afición a estas tecnologías entre los más jóvenes. El conocimiento es el mejor remedio para evitar el miedo; la programación es una ciencia que no es más complicada que las otras y está llena de satisfacciones.  Los niños pueden iniciarse con lenguajes de programación diseñados para ellos; y siempre entenderán mejor el mundo tan tecnológico que les ha tocado vivir

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