El valor de las patentes

Las patentes, ese intangible que forma parte del mundo empresarial desde hace siglos, son, para algunas empresas, la columna vertebral de sus negocios. Por ejemplo, los laboratorios farmacéuticos y las firmas de tecnología basan gran parte de su modelo de negocios en la investigación y desarrollo para crear nuevos productos y servicios. Estas compañías están acostumbradas a realizar grandes inversiones en recursos humanos cualificados, equipamiento y experimentación, y son conscientes de que las tareas de I+D suelen necesitar años para producir mejoras tangibles en las cuentas de resultados. Es por ello que tienen muy bien calculado el impacto que representa en sus negocios poder patentar sus productos para así proteger las inversiones realizadas.

Para darnos una idea de la dimensión del sistema, según  un estudio del IEEE (Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos), en el año 2011, a las 25 empresas de los EE UU que más patentes registran -IBM, Samsung, Panasonic y Microsoft, entre otras-  se les asignaron más de 50.000 patentes. Así, no es extraño enterarnos, cada vez con más frecuencia, de que dos o más empresas se han enzarzado en demandas judiciales alegando que sus patente y, por consiguiente, sus derechos exclusivos de explotación sobre un producto o servicio determinado, han sido violadas por algún competidor. O bien, que las patentes, aparte de sus aspectos legales de protección de  los derechos exclusivos de explotación, tienen un lado muy positivo para las empresas: son un verdadero activo permanente de las mismas. En efecto, es cada vez más frecuente encontrar casos de adquisiciones de compañías que tenían como principal interés para el comprador las patentes que habían desarrollado y sus derechos adquiridos. De este modo, el precio de las acciones de las compañías está influenciado por el valor de sus patentes. Basta recordar cuando Motorola fue adquirida por Google. Buena parte de los 12.000 millones de dólares del precio de venta estaba justificado por el valor de las patentes que tenían en su haber Motorola.

Hace pocos días, la empresa Medgénics, una compañía biofarmacéutica que cotiza en el NYSE  (MDGN), subía un 12,5% su cotización, en un solo día, tras anunciar que le había sido otorgada una patente sobre uno de sus productos para el tratamiento de la anemia. Como corolario podemos decir que las patentes, los derechos que ellas implican y su valor comercial real y potencial son, para algunas industrias, la clave de su negocio. Pero, sin duda, son la base de las compañías que se dedican a los productos innovadores, y cuyos directivos y accionistas saben que sin sus departamentos de I+D no tendrían futuro. Por eso la legislación de patentes y su aplicación práctica son vitales para competir en un mercado cada día más exigente.

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