Viviendo en un mar de datos

Según IBM, cada día la humanidad  genera 2,5 quintillones de bytes de datos. Sin entrar a contar los ceros que debe tener esa cifra, lo cierto es que el 90% de los datos que dispone el mundo hoy en día se han generado en los últimos dos años; o por decirlo de otra forma, en uno solo de los días de este 2013 se generarán más datos que en todo el año 2000. Por supuesto, no es que ahora pasen más cosas, supongo que serán más o menos las mismas, sino que se registra más cantidad de información de lo que ocurre.
Mucha de la culpa la tiene Internet, donde pasamos cada vez más tiempo de nuestra vida, y donde casi todo lo que hacemos se registra, se almacena y potencialmente puede utilizarse para extraer información. Pero también contribuye el número de sensores, cada vez más avanzados, que hay desplegados, como medidores de contaminación, de ruidos, cámaras de tráfico, contadores de personas, contadores de luz o agua, o también la informatización casi completa que existe en las empresas y la complejidad creciente de nuestros hogares.
Las aplicaciones que surgen del tratamiento de los datos son innumerables. Un ejemplo, es el concepto de ciudad inteligente que descansa en la gestión y tratamiento de los datos disponibles. Se trata de conocer cuáles son los hábitos de comportamiento de los ciudadanos y de cualquier otra variable disponible en la ciudad. Conociendo por ejemplo, los movimientos de personas y automóviles, se pueden optimizar la colocación y tiempos de los semáforos,  de los agentes municipales, las plazas de aparcamiento, los puntos de información, las rutas del transporte urbano municipal o los puntos de recarga para el coche eléctrico. La ciudad inteligente no es que sea más lista, sino que hace mejor uso de su información.
A nivel más particular, el uso de nuestros propios datos también puede reportarnos ventajas. Por ejemplo, podemos llegar a un acuerdo con nuestra compañía de seguros de nuestro coche para convencerle de que somos un cliente de bajo riesgo. Un dispositivo con GPS en nuestro automóvil junto con un acelerómetro, puede registrar nuestros patrones de uso y así demostrar que no rebasamos los límites de velocidad, que conducimos de forma tranquila. De este modo, y siempre que sigamos conduciendo según los cánones, tendremos un descuento considerable en nuestra factura del seguro, independientemente de otros parámetros menos fiables, y constitucionalmente discriminatorios, como el sexo o la edad.
El crecimiento de la generación de datos es en estos momentos  exponencial.  Los retos a resolver son enormes. Cuando existe exceso de información tenemos problemas para tomar decisiones, pues es imposible tener en cuenta toda la información disponible. Surge así en nuestra ayuda la ciencia de los grandes datos, el Big Data, con tecnologías emergentes e inmejorables posibilidades empresariales. Una nueva ciencia en la que empresas e instituciones deberíamos invertir y sumar fuerzas, para que no sea otra más de las oportunidades tecnológicas que, maravillados, vemos pasar en la distancia.

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