Jugando en serio

En la física moderna los científicos están trabajando en la pretenciosa “Teoría del todo”, con la que tratan de explicar de un plumazo todo su saber.  Por el contrario, en psicología, entendida como la ciencia que explica el comportamiento humano, las cosas no están tan avanzadas. Las teorías están muy fragmentadas y los avances se dan con pasos muy cortos. No es de extrañar, que el estudio de la motivación humana sea uno de los trending topics de la Psicología. La motivación es aquello que nos mueve a la acción, los impulsos internos que nos dirigen hacia fines determinados. Decir que la motivación es el motor del comportamiento humano es poco más que poner nombre al problema, pues en seguida nos surge la pregunta ¿y en qué consiste la motivación?
El primero en lanzarse realmente al ruedo fue Abraham  Maslow, quien postuló que el ser humano se movía para satisfacer sus necesidades, ordenadas jerárquicamente, desde las más básicas como la alimentación o la seguridad, hasta las más elevadas de reconocimiento y autorrealización: la famosa pirámide de Maslow. Desde entonces se han vertido muchos ríos de tinta, y multitud de teorías sobre la motivación humana se han sucedido a velocidad de vértigo. Comprender la motivación es dominar el comportamiento humano, por muy maquiavélico que esto suene.
Personalmente creo que la mente humana no está capacitada para comprenderse a sí misma, y toda ciencia que lo intente no pasará de ser un conjunto de hechos fenomenológicos. Lo que no quiere decir que no sea extremadamente útil y divertido tratar de avanzar en este campo. Y es aquí donde entra la Gamificación, o el uso de conceptos de juegos en contextos ajenos. Los juegos (de ordenador, de mesa, en el campo) se caracterizan a nuestros efectos por dos cosas: por ser completamente inútiles y sin embargo muy adictivos. Podemos pasarnos todos, y no solo los niños, horas y horas jugando, con una recompensa muy pequeña, a veces por sólo  el “honor” de haber ganado. Lo que contrasta con la poca afición que tenemos al trabajo: no nos gusta, nos tienen que pagar para que lo hagamos.
Estamos muy motivados para jugar, y sin embargo no hay razón aparente (y seria) que explique qué es lo que nos motiva a hacerlo. Pues bien,  no lo demos más vueltas, si el juego nos motiva, convirtamos en juego todas las tareas que nos cueste hacer. Las reglas de la Gamificación son múltiples, inconexas e incoherentes, ya que es una ciencia joven. Además, no nos engañemos, sus métodos, como el uso de recompensas, puntos, adquisición de estatus, feedback de progreso, pertenencia a grupo y otros, no son en absoluto un descubrimiento reciente, ya se utilizaban en el pasado.
Quizá lo más importante de esta teoría es que ahora se ha puesto de relieve la fuerza impresionante que tienen estos mecanismos de motivación; los videojuegos causan auténtica adicción. También hemos comprobado lo fácil que es el uso de estas técnicas en multitud de campos, no sólo en el trabajo, sino en áreas tan importantes como ventas, marketing, educación o ciencias de la salud.
Y como nunca dejaremos de ser niños la Gamificación tiene un futuro muy prometedor.

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