No es 'smart' todo lo que reluce

Cuando se quiere dar sensación de modernidad a una iniciativa, proyecto o dispositivo no hay, hoy en día, un término mejor. 'Smart' es el adjetivo inglés casi mágico que transforma lo "simplemente" útil en interesante, moderno y, sobre todo, en algo digno en lo que invertir. Así se habla de 'smartphones' en telefonía, de 'smart grids' en electrotecnia o incluso de 'smart cities'. Es curioso ver cómo, a veces, nos dejamos influir por un simple adjetivo extranjero, difícil de traducir en todos sus matices al español. Mucho más allá del término 'inteligente' por el que se suele sustituir en nuestro idioma, sin atender siquiera a su primera acepción habitual en inglés, smart es mucho más que eso.

La electrónica está permitiendo gestionar información de manera rápida para hacer de forma automatizada, que no inteligente, acciones resultado de una programación previa por parte, aquí sí, de un ser inteligente; un humano. Recuerdo que el televisor Iberia de mi infancia contaba con una fotorresistencia que, cuando había poca luz en la habitación, regulaba el brillo reduciendo el consumo. Mis buenos ratos pasaba haciendo creer al televisor que oscurecía colocando mi pulgar sobre aquella fotocélula. Y lo podía hacer porque mi televisor, no era para nada inteligente. Es decir, hará unos 40 años, mi Iberia hacía lo que ahora indican los 'smart TV' que, les garantizo, tampoco son inteligentes.

El gasto eléctrico ciudadano se veía reducido por las noches cuando los municipales a caballo de su Sanglas iban recorriendo pacientemente los armarios que albergaban el control semafórico para dejarlos toda la noche en "intermitente" hasta el alba, cuando hacían el proceso inverso. Hace décadas que esa costumbre ya no se lleva por aquí. Por eso me sorprendí cuando comprobé que en Alemania se sigue, lógicamente, haciendo. Ahora, sin embargo, hay que invertir en diodos Led para conseguir que los semáforos ahorren.Otra medida similar estaba encaminada también a la economía de electricidad en la ciudad. A cierta hora de la madrugada, cada día, se apagaba parte del alumbrado en las calles de forma que las farolas quedaran encendidas una sí y una no. Es decir un 50% de ahorro. Ahora, para conseguir el mismo efecto hay que instalar farolas inteligentes que 40 años después, por mucho más coste, consiguen el mismo efecto. Por cierto por muy inteligentes que digan que son no podrán tomar ninguna decisión racional por sí mismas.

¿Es todo esto pues una engañifa? Nada más lejos de mi intención que transmitir esa idea. Debemos avanzar hacia la gestión de información y energía de forma eficiente. Sin embargo son los técnicos, ingenieros y científicos quienes deben decidir de qué manera. Lejos de pensar que las pequeñas acciones inconexas van a modernizar nuestras ciudades, el verdadero avance exige un conocimiento y una planificación conjunta a medio plazo al menos. Hoy estamos en situación de que un procesador gobierne el tráfico cambiando los semáforos para evitar atascos de forma automática, que no inteligente. Ese flujo de coches, por ejemplo, puede desviarse, no solo por alta ocupación de la vía sino por, sin ir más lejos, datos de contaminación que esté enviando una estación de medida que ya está implantada.

Es por tanto momento de pensar que no es 'smart' todo lo que reluce y que, inteligencia es la gestión eficiente del conocimiento. Yo prefiero usar la inteligencia. Lo smart, con moderación.

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