¡No con mis hijos!

No hace muchos años las familias más pudientes tenían una enciclopedia Espasa en casa. Independientemente de su uso efectivo más genuino, la exhibición de sus 100 tomos era motivo de orgullo delante de las visitas. Era nuestro equivalente a la Enciclopedia Británica, que por cierto desde 2012 dejó de editarse en papel; no ha podido resistir el impulso de una Internet donde la información fluye con libertad y rapidez. No es necesario hipotecar una pared de nuestros reducidos hogares cuando toda esa información la podemos llevar en nuestros bolsillos. La Wikipedia ha vencido definitivamente al papel. Nunca en la historia la información ha sido tan libre y accesible. ¿Qué repercusión tiene la revolución tecnológica sobre la educación? ¿Tienen sentido los métodos de aprendizaje basados en la memoria y en las repeticiones? Existen calculadoras científicas y traductores avanzados, los buscadores de Internet nos encuentran resultados antes incluso de que terminar de teclear, los programas y plataformas educativas empiezan a ser legión. ¿No es hora ya de utilizar las tecnologías de forma masiva y jubilar las formas más antiguas de aprender?
Antes de responder, hay que distinguir entre información y conocimiento. La información es poco más que datos organizados. El conocimiento es otra cosa, y forma parte de nosotros, son estructuras intelectuales que nos permiten interpretar la realidad que nos rodea y nos permite resolver problemas. Internet nos da toda la información del mundo, pero no nos da una gota de conocimiento, y la información sin conocimiento no es nada; al conocimiento se llega mediante el aprendizaje. Este aprendizaje es cada vez más necesario para aprovechar el mar de datos en el que vivimos. Y el aprendizaje debe realizarse principalmente y de forma masiva durante los primeros años de nuestra vida por una cuestión de eficiencia; es entonces cuando nuestra capacidad de atención y el instinto de curiosidad están en sus máximos.  Por el contrario, esas mismas cualidades de los niños van en contra de los métodos repetitivos y a veces monótonos que se emplean en las escuelas. El debate está servido: plataformas 'on-line' frente asisten
cia diaria a clase, deberes en los cuadernos frente a juegos electrónicos educativos…
Eugenio d'Ors le dijo a un camarero que, de forma novedosa, descorchó y derramó una cara botella de champán, que los experimentos se hacían con gaseosa. Pues con más motivo los experimentos educativos deben avanzar con pies de plomo. Es mucho lo que nos jugamos: nuestro futuro. Los cambios sobre lo que se ha demostrado que funciona deben hacerse muy poco a poco. A pesar de que periódicamente oímos sobre nuevos métodos de aprendizaje en colegios muy caros, por el momento nada supera al maestro que estructura los conocimientos y motiva el  aprendizaje, de forma lenta pero continua. Yo en este caso y sin que sirva de precedente, sí que prefiero que en la aplicación de nuevas tecnologías en la educación vayamos un par de pasos por detrás de finlandeses o americanos. Ya tendremos tiempo de ponernos al día.

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