Nanotecnología con fullerenos

Como vimos en el artículo pasado, el carbono es uno de los elementos más investigados en nanotecnología. De los compuestos formados por él, uno de los más famosos son los fullerenos. Se trata de moléculas muy estables, compuestas únicamente por átomos de carbono. A escala molecular se parecen a un balón de futbol, ya que la disposición geométrica de los átomos se configura en pentágonos y hexágonos que conforman una superficie casi esférica.
 
El más famoso se compone de 60 átomos (C60), y también se denomina Buckyball, aunque hay multitud de diferentes configuraciones. Se descubrió en 1985 cuando varios científicos, Curl, Kroto y Smalley, que recibieron un premio Nobel por ello, trabajaban bombardeando grafito con láseres en busca de otras formas carbónicas, y no esperaban encontrarse con estas configuraciones (a estos hallazgos en parte inesperados se les denomina serendipias). Posteriormente se han descubierto grandes concentraciones de fullerenos en galaxias fuera de la Vía Láctea. 
 

Si bien es verdad que cuando se descubrió se tenían muchas más esperanzas en cuanto a sus utilidades nanotecnológicas, hay áreas en las que se ha dejado de investigar con ellos para pasar el testigo a los nanotubos de carbono y el grafeno.
 

Buckyball Fullereno C60
Buckyball Fullereno C60

Debido a sus características electrónicas, una de las aplicaciones más avanzadas es su uso en células solares. Utilizando polímeros orgánicos compuestos por fullerenos, se intentan emular los procesos de fotosíntesis de la naturaleza. Es especialmente llamativa la posibilidad de que pinturas compuestas por fullerenos puedan ser aplicadas sobre cualquier superficie y se conviertan en fotovoltaicas, generando electricidad pero integradas en el entorno. En lugar de placas incómodas y poco estéticas, se genera la electricidad pintando, por ejemplo, las paredes exteriores de los edificios. También se intenta utilizar para dibujar circuitos electrónicos con sencillas técnicas similares a la impresión gráfica, en lugar de los costosos y complejos sistemas actuales.

Otro importante campo de uso es la nanomedicina. Se trata de encerrar moléculas beneficiosas para el organismo dentro de las bolas de fullereno, y dirigirlas a bacterias, o a células cancerígenas. Al llegar al destino se disuelven las esferas liberando todo su contenido en los puntos adecuados, desplegando así toda su eficacia sin que se pierda por el camino.