El sueño de Google

Primero fueron las Google Glasses; después la posibilidad de controlar máquinas con los ondas cerebrales. Ahora por la red circula un 'hoax' (bulo, en castellano de toda la vida) que afirma que la compañía de Mountain View estaría desarrollando un chip para implantar en el cerebro humano, con el que se conseguiría conectar nuestras mentes a Internet. Podríamos realizar búsquedas por medio del pensamiento y descargar los resultados directamente a las neuronas. Como era de esperar, la red de redes se ha incendiado; abundan las comparaciones con el Gran Hermano, y las teorías de conspiraciones sobre el control de la humanidad al estilo 1984; críticas que personalmente no entiendo ni comparto ¿puede alguien haber imaginado una mejor aplicación para la biotecnología? Dicen que solo utilizamos un 10% de nuestro cerebro, pero conectándolo a la wikipedia o al buscador de Google multiplicaríamos su potencia en algún orden de magnitud.
Lástima que no tenga visos de ser verdad, pues las posibilidades son innumerables: adiós a los problemas de memoria, ya que podríamos almacenar nuestros recuerdos en la nube; nunca más estudiar ni hacer exámenes (copiar sería facilísimo); los chips de gama alta vendrían con bluetooth, para poder hacer telepatía; un GPS, acelerómetro, brújula y ¡voilá! ya tenemos información personalizada de nuestro entorno al momento. Unos sensores más  y nos olvidaremos de las revisiones en el médico. Nunca habrá sido más fácil desconectarnos de conversaciones que no nos interesen…
De cualquier forma no será a mí a quien le pongan un chip en la cabeza; ya no es solo la grima que da que me trepanen el cerebro para instalar un cacharro de esos (que también), si no, sobre todo, la vergüenza que me daría que un hacker habilidoso pudiera acceder a mis pensamientos ¡La cantidad de explicaciones que tendría que dar a familiares y amigos!
Otra cosa es que la biotecnología del futuro se decante más por los cyborg al estilo del T-800 de la mítica película Terminator, dejando de lado lo intelectual y yendo más a lo físico. Unión de componentes cibernéticos y orgánicos, la locura del culto al cuerpo. Eso sí que no me importaría: adiós a las dietas para cuidar la figura, a afeitarse todos los días, a las aburridas horas de gimnasio, a las gafas para la presbicia, a los antiácidos, a los crecientes achaques de la edad… practicaría todo tipo de deporte sin cansarme (leer dos veces esta frase). ¿Quién no ha soñado alguna vez con ser un superhéroe de la Marvel? ¡Sayonara baby!

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