Blanco y en botella

Parece que estamos en el país que cuenta con la mayor tasa de paro de Europa, que hace estragos especialmente entre la población joven. Incluso a estos últimos comienzan a llamarlos la generación perdida, pues no se prevé que puedan integrarse de forma efectiva en la sociedad productiva. España es incapaz de colocar en el mercado su fuerza laboral y eso que gasta ingentes cantidades de dinero en subvenciones a la contratación, programas de formación y algún que otro programa keynesiano de estímulo a la economía. Grandes grupos de universitarios acaban sus estudios con negras perspectivas de colocación en suelo patrio, abocados a emigrar si quieren trabajar 'en lo suyo'. Me sorprende que no se haya tomado la medida que a mi juicio es la más obvia, aquélla que tomaría cualquier empresario que no pudiera vender sus productos: adaptar su oferta a la demanda del mercado. No es que así vayamos a salir de la crisis, pero seguro que ayuda a ser más productivos. Y me explico.
Con respecto a la demanda, no es nuevo que las carreras técnicas universitarias sean las que más oportunidades ofrecen, la revolución digital que estamos viviendo impregna todos los sectores de actividad. Las tecnologías han pasado de ser una ventaja competitiva a ser una necesidad de supervivencia para las empresas. Especialmente, informáticos y telecos son las carreras que menos tasa de paro registran, ya que de una manera u otra los jóvenes con estas formaciones encuentran finalmente un puesto de trabajo.
En un futuro cercano no se van a necesitar nuevos periodistas, ni maestros, ni arquitectos. La mayoría de los futuros graduados en estas carreras optará por trabajar 'en otra cosa' y los más afortunados emigrarán, con una carrera sufragada por nuestros impuestos, pero cuyos frutos disfrutarán otros. Digámoslo claro: lo importante no es que el niño 'estudie lo que le guste', lo realmente importante es que adquiera unos conocimientos útiles que le permitan tener un trabajo digno y unos ingresos decentes 'el resto de su vida'; y es un compromiso de todos conseguir que los bachilleres sean conscientes de ello antes de tomar una de sus grandes decisiones. Y por el lado de la oferta, la Universidad debe adaptar sus plazas a lo que demanda la sociedad, que es su cliente último. Creo que sería bueno modificar la oferta formativa adaptándose a la realidad tecnológica de los tiempos; la sociedad está cambiando a un ritmo vertiginoso, las instituciones deben intentar mantener el ritmo. Yo lo veo tan claro que empiezo a pensar que pudiera estar equivocado.

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