Monedero electrónico: De ayer a hoy

Desde finales de los años 80 la banca, y algunos otros agentes, han desarrollado diversas soluciones para llevar a cabo pagos de cantidades menores en la actividad cotidiana: transporte público, kioscos, instalaciones deportivas, hostelería y otros muchos. Siempre hablando de pequeñas cantidades y contra un saldo positivo en el monedero siempre recargable. Casi siempre el monedero se implementaba sobre una tarjeta con un chip de lectura/escritura. Y hasta ahí habíamos llegado.
 
Dirán muchos de ustedes que nunca vieron esas cosas o que, al menos, nunca se generalizaron en su uso salvo en comunidades muy concretas como alumnado de una universidad, transporte público en un municipio… pero casi nunca vieron a su vecina pagar el pan o el café con leche con uno de estos inventos. ¡Hubiera sido la vecina de vanguardia! Bromas aparte, la realidad es que este tipo de soportes de dinero sin efectivo (monedas) no consiguieron el éxito y la generalización que en algún momento se esperó de ellos (aunque conozco una parroquia en León que instaló uno). Y ello ha sido debido a causas variopintas: compatibilidad de los chips, no proliferación de los dispositivos lectores, farragosidad del uso o la recarga, deficiencias en seguridad… Pero, no lo olviden: la causa fundamental del fracaso de un servicio de cualquier tipo es siempre la misma y está relacionada con la falta de demanda por parte de los usuarios. Si la población no ve valor añadido al monedero electrónico, simplemente lo obvia. Aunque se lo regales. 
 
El avance y la integración e interrelación de servicios bancarios y del mundo del pago y la venta, apoyado por el desarrollo de la tecnología y las comunicaciones, también puede reforzar y añadir valor (¡cómo no!) a un servicio como el monedero electrónico. ¿Por qué? Basta con sumar a un soporte básico (tarjeta con identificación electrónica) las redes de cajeros y TPV adecuadamente adaptados de la entidades financieras, un parque de millones de 'smartphones'  con la APP necesaria y una filosofía de 'red social' entre contactos para diseñar todo un cúmulo de prestaciones gratuitas o muy económicas de cara a un solo individuo, a una familia o a una colectividad. Compartir ahorros, facilitar dinero a distancia en cualquier situación, pagar con un teléfono, ir eliminando el efectivo del día a día y cuales quiera otros desarrollos que puedan asimilarse irán generalizándose entre la población.
 
Y probablemente, en este momento, la banca sea el mejor centro de lanzamiento. Y muy pegada al terreno y a los ciudadanos con su equipo de profesionales en el día a día.
 
Pronto sabremos del grado de éxito.

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