Doctor ¿qué me pasa?

La profesión médica no gana para disgustos. Primero fue la desaparición de la serie House de la televisión;  nos ponía a cada uno en su sitio: por un lado los médicos y su infinita sabiduría, y por el otro la plebe, quiero decir, los pacientes. Me comentan que hubo incluso alguna propuesta de sustituir a un anticuado San Lucas por tan genial doctor como patrón de la profesión. Pero es que, esto de Internet, incluso le está dando la vuelta: ya no es el médico el que roza la divinidad con su conocimiento, sino los propios pacientes los que vienen con el diagnóstico hecho, la receta completa (a falta de firma) y un euro de la mano; lo han investigado en la Wikipedia, y la verdad, esto de tener que ir a la consulta es un incordio.
No entiendo muy bien por qué se enfadan tanto y nos avisan de los peligros de estar tan bien informados; como cuando los curas leían la misa en latín para que los fieles no se enteraran de  demasiado. Pues no les queda nada. En Estados Unidos, ya hay plataformas de médicos que trabajan de forma virtual, dando asistencia médica on-line, con análisis clínicos e historial del paciente incluidos. Portales con información médica abundan por toda la red; las redes sociales se extienden para crear comunidades de personas con unos mismos intereses, ya sea una enfermedad rara o los usuarios de un determinado hospital.
Pero es que además el sector de salud es uno de los campos donde las aplicaciones móviles tienen mayor potencial de crecimiento. Ya existen apps que nos permiten hacer un seguimiento de la alimentación, de gran éxito entre las personas a dieta o con diabetes. O aquéllas que nos recuerdan los medicamentos que tenemos que tomar, con información completa sin necesidad de guardar el prospecto. Incluso aplicaciones híbridas para médicos, pacientes y familiares, que permiten un mejor diagnóstico y tratamiento de ciertas enfermedades como el párkinson o la epilepsia. Recomiendo una visita a la tienda de aplicaciones del Smartphone de cada uno, en el apartado “Medicina” para darse cuenta de las posibilidades que ofrece llevar un teléfono inteligente en el bolsillo.
Y el futuro es incluso más prometedor. Se está trabajando en multitud de gadgets asociados al teléfono, sensores de nuestras constantes biométricas que nos permitirán conocer de forma continua los niveles de azúcar o colesterol, nos avisarán de cambios peligrosos en la tensión sanguínea o los ritmos cardiacos, e incluso los efectos secundarios de tratamientos médicos, como los relativos al cáncer. Estos sensores serán subcutáneos, con batería externa recargable.
Las aguas no volverán a su cauce; Internet es un ciclón que está llegando a todos los sectores y los transforma completamente. En una región como la nuestra, extensa, poco poblada y con una población relativamente envejecida, deberíamos ser líderes en aprovechar las oportunidades que nos ofrecen las tecnologías, no sólo para crear nuevos productos y servicios que luego se puedan exportar a otros mercados, sino, sobre todo,  para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

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