Teléfonos simples, tecnología cómoda

Hay algo a lo que no es ajeno el mundo tecnológico, y es que la persona envejece, y con ello sus capacidades funcionales tienden, en mayor o menor medida, a limitarse. Y en una era dónde la comunicación y cada vez más servicios van íntimamente ligados a los terminales móviles, éstos deben adaptarse a las capacidades funcionales de la persona. Y así lo han entendido muchos fabricantes.

La potencia e inmensas posibilidades de los teléfonos inteligentes o smartphones nadie las cuestiona. Pero, sencillamente, no sirven a todos, o al menos no les son útiles a muchos ciudadanos, por una premisa elemental: falta de usabilidad para muchos perfiles, entre los que podríamos citar mayores con demencia senil, baja visión, alzheimer o Parkinson. Y más allá, para gran parte de las personas con discapacidad intelectual, en cualquier etapa de su vida. En esta línea, desde hace bastantes años encontramos empresas y fabricantes especializados en teléfonos de diseño más elemental y clásico, pero claramente utilizables por cualquier persona, independientemente de sus capacidades funcionales. Emporia, Doro o Mimov son buenos ejemplos de ello.

Un producto no tiene sentido si no proporciona una utilidad a la persona. Es evidente que la comunicación en movilidad ha traído, entre otros muchos aspectos positivos, una mayor autonomía en el desenvolvimiento de los ciudadanos en su vida diaria, en todos los ámbitos de la vida. Pero también ha traído seguridad para muchos ciudadanos y sus familias, al incorporar servicios añadidos como el GPS en los terminales. Cualidades éstas que se multiplican cuando hablamos de personas mayores con disminuciones funcionales serias, o personas con discapacidad intelectual. Todo esto, que sin duda y más allá del cambio de hábitos, son puntos a favor de la tecnología, queda diluido en nada si esta misma tecnología no es usable por la persona. Si no es usable, su utilidad es cero. Y si la utilidad del terminal del que dispone es ésta, podríamos tener a muchas miles de ciudadanos-usuarios prácticamente aisladas del mundo, un mundo donde la comunicación en movilidad ha desplazado y prácticamente aniquilado ya a la telefonía fija.

La industria ha detectado que el ciudadano actual y su entorno es móvil, la sociedad estática ha desaparecido. Curiosamente, gran parte de la tecnología comercial y de consumo hoy día, es tan ampliamente personalizable que podríamos llegar a configurar nuestros teléfonos o smartphones con pantallas e interfaces tan sencillos como los citados anteriormente, los diseñados específicamente para ‘ser simples’. Los diferentes tamaños en pulgadas, poder añadir o quitar iconos y funciones de la pantalla, configurar distintos tonos y alarmas, memorizar los números más usados, elevar o quitar contraste, manejo con atajos y voz, sensores de rastreo… ¡apasionante! ¡y  tan desconocido por el usuario, que, en la mayoría de los casos, lo convierte en terminal de utilidad cero también! No por faltas de funciones, sencillamente, por la otra gran carencia de nuestra sociedad tecnológica: el desconocimiento, y el escaso tiempo dedicado a investigar para qué sirve esto tan bonito que hemos comprado.

En cualquiera de los casos, la industria ha entendido que una sociedad, donde ya absolutamente todos los ciudadanos son usuarios de tecnología en movilidad, está compuesta por miles de perfiles ciudadanos distintos en función de sus capacidades, circunstancias o costumbres. Y sea como sea, para contemplar toda esta heterogeneidad, la simplicidad también debe estar presente, como característica innegociable, en los modelos y contenidos de los terminales. Bien por diseños y fabricaciones hechas a propósito para determinados usuarios principalmente, bien por las características que incorporen para su personalización y ‘adaptación’.

Sobre el autor