Abejorros asesinos

Al final me voy a tener que tragar mis palabras. Mil veces les he dicho a mis niños que el tiempo que pasan con la PlayStation es tiempo perdido, que si lo dedicasen a algo útil sería capaces de sacarse una carrera. Pero parece que soy yo el que está malgastando su esfuerzo con los libros de Derecho. Hoy en día los ases de los videojuegos pueden llegar a generales en el ejército americano; se acabaron los boinas verdes, llenos de músculos y miles de horas en el gimnasio, Rambo definitivamente no va a ascender.
Desde sus bases de Texas el ejército americano maneja por satélite los vehículos no tripulados o drones para atacar a los muyahidines en Afganistán y Pakistán; el nombre más técnico de esos aparatos es RPAS (siglas en inglés de Sistemas de Aeronaves Pilotadas de forma Remota). Estos ingenios no necesitan llevar un piloto humano y, por tanto, no precisan de cabina, blindaje, asiento eyectable, sistemas de oxígeno y presión, ni de muchos otros sistemas que serían necesarios para la supervivencia de los pilotos de los cazas. Los drones, con la ventaja que les da esa reducción radical de peso, aumentan espectacularmente su maniobrabilidad, su autonomía de vuelo y su capacidad para transportar y lanzar bombas. Necesitan de muy poco espacio para aterrizar y despegar, y, en caso de fallo en la misión, no hay bajas humanas (propias, se entiende). Desde hace años se han convertido en el arma favorita de la US Navy para lanzar los ataques en su particular lucha contra el terrorismo. La guerra, al igual que en la fabulosa novela de ciencia ficción 'Los juegos de Ender' (Orson Scott Carr 1985), se libra mirando la pantalla de una videoconsola y moviendo rápidamente los dedos.
Afortunadamente las aplicaciones de los drones no son solo militares, también se utilizan para  operaciones de salvamento, fumigaciones agrícolas o filmaciones aéreas para cartografía. Los reportajes turísticos que se obtienen filmando con cámaras digitales a media altura son realmente espectaculares. También se usan para revisión de torres eléctricas o inspección de aerogeneradores en parques eólicos, lo que evita a los operarios estar con la escalera de un lado a otro. Definitivamente, la tecnología no sólo nos está cambiando la forma en que nos comunicamos, sino todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida. Las capacidades profesionales que se necesitan en la era de la revolución digital son completamente nuevas y seguro que a muchos nos va a tocar reciclarnos. No está lejos el día en que tengamos que pedir a nuestros hijos que dejen de leer libros y se pongan de una vez a jugar con la consola.

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