Extraños compañeros

Es posible que el oír la palabra robot nos evoque un frío laboratorio donde un grupo de insensibles científicos con bata blanca están alrededor de un gran humanoide, al que intentan enseñar a hablar, ver, agarrar, caminar, incluso 'pensar'; con el malvado propósito de quitarnos el poco trabajo que queda. Pero ¿y si les dijera que hay alumnos de Primaria que diseñan y programan robots con el fin de promover valores de solidaridad y ayuda? Por ejemplo, en el Club de Robótica de Cristo Rey unos 25 alumnos de Primaria, ESO y Bachillerato buscan soluciones a problemas a los que se enfrenta a diario el ser humano poniendo el foco en los de tipo social: residencias de ancianos, centros de día, bomberos de Valladolid, AEMET, centro de emergencias 112, etc.

En la Universidad Politécnica de Valencia cada año se organiza el Concurso Nacional de Robots Humanoides, CEABOT, en el que se disputan cuatro pruebas para demostrar la habilidad de cada uno de los robots, o mejor dicho, de sus programadores y diseñadores. Estas pruebas son: subir y bajar escaleras, esquivar obstáculos en un laberinto, seguir pistas a través de su visión artificial y la lucha de sumo. Cada una de ellas tiene su problemática particular, y los diseñadores tienen que tirar de ingenio para conseguir una ventaja competitiva. Muchos de ellos diseñan algunas piezas de su robot en el ordenador y las modelan con impresoras 3D para que se ajusten perfectamente a su cometido.

Pero los robots no tienen por qué ser humanoides, es decir, que su estructura corporal sea similar a la de un humano. De hecho la mayoría de ellos no lo son. Deben construirse ad hoc para la misión a la que se les va a encomendar. No es lo mismo el robot aspirador que puede encontrarse en una casa, que el robot soldador de una fábrica de automóviles. En el área profesional, los robots son utilizados para realizar tareas peligrosas, difíciles y repetitivas, en plantas de fabricación, montaje, embalaje, en el transporte de piezas, la exploración espacial, en cirugía, armamento, investigación, limpieza de residuos tóxicos, minería, búsqueda y rescate de personas, localización de minas terrestres antipersona, etc.

Otra de las creencias más difundidas es que los robots tienen precios elevados. No seré yo quien diga que el explorador espacial Curiosity haya costado poco dinero, pero también se pueden encontrar las piezas que te permitirán crear tu primer robot a partir de 200 euros.

Pues sí, los robots ya están entre nosotros; para hacernos la vida más cómoda, realizando el trabajo duro y creando profesiones de más alto nivel.
 

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