Pagos y teléfonos móviles. Simplificando el problema (II)

Seguro que han tenido unas buenas vacaciones. Les deseo lo mejor para el nuevo curso. Por mi parte, continuamos con lo lanzado el pasado mes de julio. ¿Recuerdan los planteamientos alrededor de los teléfonos móviles aplicados al pago y a las transacciones económicas? Para meternos en materia tenemos que tener el panorama bien descifrado. Alrededor del móvil y sus capacidades para el soporte de los pagos que el usuario quiere realizar tenemos dos campos de estudio: la evolución de la tecnología y la definición de los servicios amparada en ella. Vamos a intentar paralelizar ambos campos para conseguir situarnos y para no despistarnos cuando nos movamos en este complejo mundo del pago por, a través de, desde, con, usando,… el móvil.

Con el nacimiento de la telefonía móvil GSM, hace ya más de 20 años, el teléfono era capaz de enviar y recibir mensajes de texto (sms). Nacen los primeros intentos de establecer pagos con el móvil de una manera rudimentaria. Hablando con nuestro banco, asociábamos una de nuestras tarjetas de crédito a nuestro móvil.  El banco tenía un acuerdo con nuestro operador de telefonía móvil. El banco entregaba al comerciante un datáfono con una aplicación especial para pagos con móvil… y ahí comenzaba la odisea: yo le digo al comerciante que quiero pagar con mi móvil, le doy mi número, el comerciante transmite el dato al banco, el banco al operador, el operador me envía un SMS con una clave al que tengo que contestar por la misma vía con mi PIN, yo se lo doy al comerciante, el comerciante lo envía al banco a través del operador, se verifica la igualdad y el PIN y me hacen el cargo en mi tarjeta asociada. Casi casi que prefiero llevar el plástico en el bolsillo como toda la vida. El banco se ahorra los cambios en los datafonos y el comerciante y yo la paciencia; amén de los problemas de retardos, de cobertura, de errores, de seguridad,… Ni que decir tiene que los intentos fueron un absoluto fracaso. Y eso que los impulsaron todos los operadores de móviles, los grandes bancos y los operadores de medios de pago. Pero con el usuario no hay quien pueda: o es simple, aporta algo y es confiable o mejor lo dejamos. ¿Y encima tengo que pagar los SMS y una cuota por darme de alta en el servicio?

Con el paso del tiempo las redes móviles GSM empiezan a dar servicio de datos añadido al clásico de la voz. A la vez, nacen los teléfonos con capacidad de usar la red de móvil de datos (protocolo IP) a precios asequibles y preparados para navegar por internet (protocolo WAP) incluso por fuera de la red móvil de datos utilizando las nacientes redes wifi. Es la primera década del siglo XXI. Todo este entramado abre casi infinitas posibilidades. Más aún cuando esos teléfonos evolucionados se convierten en inteligentes con capacidad de manejar aplicaciones bajo sistemas operativos pensados para ellos. Así hemos llegado a nuestros tiempos. ¿Qué va a ocurrir? En ello entraremos en la siguiente entrega.

Sobre el autor