Doble o nada

Cuenta la leyenda que hubo un rey oriental que quedó maravillado después de jugar una partida de ajedrez, y quiso recompensar al mendigo que inventó tan maravilloso juego. Aceptó darle la cantidad de arroz que el inventor le solicitó cándidamente; en un principio parecía un premio misérrimo: Un grano de arroz por la primera casilla, dos granos por la segunda, cuatro por la siguiente, y así doblando la cantidad hasta llegar a la última casilla, la número 64. En un principio, el incauto monarca no se dio cuenta de que se estaba comprometiendo a entregar una cantidad de arroz colosal, imposible de conseguir con todas las riquezas de su reino. Tan grande que hoy en día sería el equivalente de la producción mundial durante mil años. Casi nada. ¡Pero para qué quería tanto arroz el chino este! El cuento no nos aclara cómo terminó la historia, aunque me temo que no muy bien para el mendigo. Lo de vacilar a los reyes no estaba muy bien visto. Y es que las progresiones exponenciales, o series numéricas basadas en multiplicar la cantidad anterior por una cantidad fija, dan lugar a sumas astronómicas. Otro ejemplo muy famoso es la ley de Moore, que postula que cada 18 años la capacidad de cálculo de los microprocesadores se duplica. Y aunque fue allá por 1965 cuando Gordon Moore, fundador de Intel, formuló esta observación empírica (mal llamada 'ley'), desde entonces se ha venido cumpliendo durante 50 años, casi matemáticamente. Así, ha sido posible que un ordenador de sobremesa de los años 90 tuviera más capacidad de cálculo que todo el departamento de la NASA que envió el Apolo XI a la Luna; o que nuestro teléfono móvil actual sea más potente que los flamantes Pentium de principios de este nuevo siglo. No importa cuán alta sea la meta que haya que alcanzar, las series exponenciales en seguida lo superan. Y es que ha sido precisamente este desarrollo tan acelerado de la tecnología la que nos permite vivir en esta década la Revolución Digital.

Desde junio de 2013 el ordenador más rápido del mundo es el Tienhe-2, está en la provincia china de Cantón, y ha sido desarrollado por 1.300 científicos. En realidad, son 32.000 procesadores y 48.000 coprocesadores de última generación que trabajan al unísono para conseguir la mayor capacidad de cálculo que jamás se ha visto en esta parte del Universo. Pues bien, si se sigue cumpliendo la Ley de Moore (y no hay ninguna prueba en contrario), en unos 30 años nuestro teléfono móvil será más potente que este supercomputador ¡y podremos llevarlo cómodamente en nuestro bolsillo! ¿No es extraordinario?

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