La coordinación de los relojes mundiales

El tecnificado mundo de hoy necesita compartir una medida común y exacta del tiempo en cualquier punto del planeta. Desviaciones de microsegundos entre satélites y navegadores GPS provocarían tremendas inexactitudes y accidentes.
Los años bisiestos existen para intentar acompasar el año solar por la traslación terrestre, y nuestro calendario de 365 días, que difieren en 5 h, 48 m y 45,9 s. Para que más o menos coincidan esas casi 6 horas, intercalamos un día los años cuyo número es divisible entre 4. Como son algo menos de 6, no lo intercalamos si el año es divisible entre 100, pero si cuando lo es entre 400.
También tenemos días bisiestos, como expliqué en el anterior artículo, dado que la Tierra gira cada vez más despacio, se buscó la solución de intercalar también segundos en días bisiestos, con una lógica similar a la de añadir días en años bisiestos. De esta forma hacemos que el tiempo que utilizamos coincida con el de la rotación terrestre.
 
Debido a la “falta de exactitud” en la rotación terrestre, en 1968 la Oficina Internacional de Pesas y Medidas (BIPM) que regula todos los estándares de las magnitudes de medida que el ser humano utiliza, cambió la definición de lo que era UN SEGUNDO (1/86400 parte de un día), por otra definición mucho más exacta (es la duración de 9.192.631.770 períodos de la radiación correspondiente a la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del átomo de cesio en reposo y a una temperatura de 0 K).
 
Para ello, la Oficina de la Hora Internacional (BIH) controla con varios relojes atómicos de Cesio, los segundos exactos que van transcurriendo, y se responsabiliza del registro del Tiempo Atómico Internacional (TAI).

Por otro lado el IERS vigila la duración exacta del tiempo que la Tierra tarda en girar sobre sí misma, y se responsabiliza del Tiempo Universal (UT1), informando de las variaciones respecto al reloj atómico.
 
Como ambos “relojes” difieren (el atómico y el terrestre), la coordinación del tiempo a nivel mundial la realiza la BIPM por medio del Tiempo Universal Coordinado (UTC). El UTC es resultado de restar al atómico los segundos enteros de retraso necesarios para que coincida con el terrestre. Cada varios años en que la diferencia entre TAI y UT1 alcanza a ser otro segundo completo, lo resta, produciendo un día bisiesto, así consigue acompasarlos periódicamente. Piensa que de no ser así, llegaría un momento en que a las 12 de la noche sería de día…
 
Finalmente, cada país le suma o resta al UTC un número de horas según su huso horario (o longitud terrestre, es decir distancia con el meridiano cero, o de Greenwich). En España es de UTC +1h que coincide con la Hora Central Europea (CET), y en Canarias es el UTC.
 
Así que cuando nos preguntemos por la hora, deberíamos de preguntarnos antes… ¿según qué reloj?

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