Firme aquí debajo, por favor

Con esa expresión, oral o escrita, finalizan todos los actos en la vida diaria que necesitan de identificación de las personas intervinientes cuando documentamos cualquier gestión o transacción.

Dado que el avance de la digitalización de procesos, actos, documentos y transacciones es imparable y nos desborda por todos los flancos, resulta evidente y necesario el abordar la digitalización también del hecho de la firma. ¿Qué se quiere transmitir cuando se firma algo?: conozco lo que firmo, el que firma soy yo y doy validez a lo firmado. Además, en algunos casos, mi firma es reconocida por un notario que da fe de que es la mía y de que yo soy el que la he plasmado.

¿Cómo aplicar todo ello al mundo de la transacción, documento o acto basado en procesos puramente digitalizados? La base es sencilla: en vez de aplicar mi grafía con mi pluma sobre un papel y ponerle un sello de caucho mojado en un tampón con tinta azul, lo que hago es mostrar, entregar y añadir al proceso electrónico mi certificado digital. El certificado, un pequeño fichero construido sólo para mí y con una estructura única, no copiable, encriptada, protegida con mi clave e inimitable, lo tengo almacenado en mi dispositivo y yo soy quien lo entrega como acto de firma para mi identificación única. En esto consiste la firma electrónica o digital. No ha de confundirse con la digitalización de mi firma: algunos procesos nos exigen firmar gráficamente sobre una tableta electrónica con un lápiz, convirtiendo nuestro garabato en una imagen.

Lógicamente, para velar por la autenticidad de los certificados de cada persona y para garantizar unos estándares que hagan que todos los certificados tengan una misma estructura comúnmente aceptada a todos los niveles, existen las autoridades de certificación. Ellas dan fe de la autenticidad de la firma digital, a modo de notario, expiden los certificados con su vigencia y caducidad, y asocian a la persona solicitante con el certificado que se le asigna.

¿Caben problemas de uso, falsificaciones u otras incidencias? Sí, claro… los mismos que se producen en la falsificación de firmas gráficas pero “digitalizados”. Pueden robarme el certificado y conocer la clave del mismo si yo la facilito. Nada hay infalible, aunque todo el entorno de firma electrónica es 100% seguro. Me permito recordarles que hay sucesos que estadísticamente tienen probabilidad cero, pero no son imposibles, y los hay con probabilidad 1, pero no son seguros. Tomen nota y sean cuidadosos en el uso de estos sistemas: certificado, fichero, dispositivos, clave personal… lo de siempre.

Hoy en día, los certificados y la firma digital están ya muy extendidos. Ya estamos muy familiarizados con el certificado de nuestro ordenador expedido por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT-autoridad de certificación) para realizar trámites en internet con las administraciones públicas (como la declaración del IRPF). También tenemos en nuestro bolsillo una tarjeta en cuyo chip se esconde un certificado que nos identifica: el DNI Electrónico.

Caminamos hacia la generalización del uso de esta metodología de firma en un amplio campo de transacciones entre personas, administraciones y empresas. Esta expansión nos permite ser más rápidos, más eficientes y nos proporciona completa seguridad. Firme aquí debajo, por favor.

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