Ciberacoso en los nativos digitales

A los niños y jóvenes de hoy en día se les llama nativos digitales. Han conocido Internet, móviles y tabletas desde que nacieron y para ellos no se trata de nuevas tecnologías, sino de la tecnología que les rodea habitualmente, desde la cuna. Como fue la televisión para las generaciones más maduras, forma parte de su vida y su uso conlleva innumerables ventajas que superan con creces su peligros o desventajas. Tener una gran cantidad de información a su alcance, posibilidad de jugar y comunicarse de forma rápida y sencilla, jugar y divertirse en el ciberespacio… La educación en el buen uso de las nuevas tecnologías es fundamental para evitar situaciones de ciberacoso, ciberbylling o grooming. Cuidar su seguridad, su privacidad y sus derechos es tan fundamental como aprender a asearse o a cruzar la calle. Una dedicación a la que los padres no deben renunciar, alegando desconocimiento. El ciberacoso es una realidad que acampa en las aulas, los clubes deportivos, los grupos de amigos… De la que nadie está libre y que encuentra en Internet un medio en el que propagarse a velocidad de vértigo.

 

Ciberbullying y grooming

Amenazas, hostigamiento y humillación son los elementos indispensables de todo acoso. El fin último del acosador es socavar la autoestima del acosado, dañar su imagen personal, empleando, si es necesario, las herramientas informáticas. Ciertamente que, entre los nativos digitales, no existe una frontera clara entre acoso y ciberacoso ya que la violencia física o verbal, se suele trasladar al mundo digital a través de mensajes amenazantes, vídeos o imágenes socarronas u hostigamiento empleando envíos masivos de mensajes. Ciberbullying es el acoso entre iguales empleando la Red y sus herramientas tecnológicas. Nace en el mismo origen de la generación 2.0, es decir, en el uso de estos útiles digitales sin ningún tipo de control ni apoyo educativo.  Los menores y jóvenes no suelen tener un concepto muy acusado de privacidad y no son muy conscientes del impacto que tiene la viralidad  de este tipo de contenidos. En numerosas ocasiones, el propio acosador no ha sido consciente de las consecuencias de su agresividad ni sobre el acosado ni sobre el entorno. Grooming es el acoso de una persona mayor a un menor con una finalidad sexual implícita o explícita. En estos casos, el adulto suele camuflar su identidad para ganarse la confianza del menor; una vez conseguida cierta cercanía le anima a que le envíe contenidos de tipo erótico (sexo virtual) con el que acosar y amenazar al menor. 

La Red propicia y alienta este tipo de comportamientos ya que existe un menor grado de exposición del agresor, un cierto anonimato – que no impunidad – que no sucede en la vida real. Al ser una manera de violencia indirecta, el acosador puede tener un perfil menos agresivo y posiblemente no se atrevería a amenazar en una situación presencial ante su víctima. En cualquier caso, el acosador es un menor que no comparte el código ético general de nuestra sociedad. La doble moral, el dominio, el egoísmo, la insolidaridad… Son rasgos que se instalan en la mente de estos jóvenes y niños que carecen de una formación moral con normas claras. Algunos proceden de familias sin educación moral, o con modelos de autoridad desequilibrados, autoritarios, permisivos o que, simplemente, no existen. En no pocas ocasiones, el menor ejerce él mismo de autoridad y tiene un comportamiento claramente abusivo (Fuente: Inteco).

Cómo detectarlo

El ciberacoso deja huella. Las pautas que siguen los acosadores suelen ser muy parecidas. El acosador envía repetidamente de mensajes ofensivos e insultantes, usa un lenguaje desenfadado y soez en la Red, incluye amenazas de daños en sus mensaje, propaga cotilleos y rumores sobre alguien, pretende ser quien no se es, comparte información secreta o embarazosa de alguien, echa de los grupos a otros miembros, envía programas basura, graba peleas o vídeos de contenido sexual, roba contraseñas, manipular fotos o vídeos, etc. En resumen, el hostigamiento, la exclusión y la manipulación caracterizan el comportamiento del acosador. En general, el acosador es un niño/a o joven impulsivo, que tolera mal la frustración, tiene dificultades para asumir y cumplir órdenes, carece de empatía y tiene actitudes violentas tanto para resolver problemas cotidianos como relacionarse con los adultos.
El acosado no presenta un perfil tan definido. Puede ser personas con escasos amigos y baja autoestima aunque también se da en alumnos seguros y brillantes que entran en el juego de las amenazas del acosador. Sí es común un conjunto de síntomas que ayudan a padres y profesores la detección de una situación de ciberbullying, especialmente destaca el estrés permanente, la presencia de trastornos del sueño y la irritabilidad sin causa aparente. Además, el menor que sufre ciberacoso evita la escuela, les cuesta concentrarse, no quiere salir al recreo y no quiere enseñar lo que está chateando o haciendo en Internet. También puede presentar ciertos síntomas físicos como dolores de cabeza, náuseas y mareos.

 

El miedo

El menor acosado tiene un doble miedo: Miedo al acosador, miedo a sus padres o profesores porque se siente culpable de lo que está sucediendo. De ahí la necesidad de que padres y profesores aborden el ciberacoso a través de la comunicación y la confianza. La importancia de una buena educación en la violencia virtual cobra una especial relevancia. La toma de conciencia del menor o del joven de que una situación así no es tolerable y, en el caso del grooming, que se trata de un delito es fundamental y la buena comunicación con sus padres y profesores garantizan el fin de esta situación. En el caso del acoso escolar, es fundamental acudir al centro educativo, ya que es una situación que afecta a toda la comunidad educativa. El centro educativo es competente para la corrección del ciberbullying y el profesor tiene estatus de autoridad pública. Hablar con el tutor, jefe de estudios, director/a o departamento de Orientación es el primer paso para acabar con el ciberacoso. En el caso del grooming, es fundamental acudir a la policía para denunciar los hechos.

La Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León lleva 10 años trabajando en la convivencia escolar, reduciendo sensiblemente los casos de acoso (de 99 en el año 2006 a los 20 casos de curso 2013-2014). La sensibilización tiene como objetivo tanto a los profesores (programa ‘Violencia Tolerancia Cero’) como a los alumnos, promoviendo acciones formativas como el programa “Más iguales”. En el curso 2013-2014 hubo 178 sospechas de posibles casos de acoso escolar, de las 22.570 incidencias que se registraron durante todo el curso (un 0,78%), de los cuales 20 fueron casos confirmados y comunicados a Inspección. Desde que se analizan datos de acoso escolar (2006), los casos detectados oscilan alrededor de los 180 casos de forma estable, pero los casos confirmados han caído el triple.

 

Sensibilización

Sensibilizar a la comunidad educativa es vital para reducir el hostigamiento y la violencia entre los escolares, pero no se puede obviar la responsabilidad paterna. La facilidad que ofrece las nuevas tecnologías también allana el camino para acosadores. Comprender el mundo digital es fundamental para comprender los riesgos, las ventajas y los mecanismos que los navegadores y las propias compañías de telecomunicaciones nos ofrecen para proteger al menor.
Es esencial conocer Internet. Nadie como sus hijos para enseñarle qué sitios navegan, cómo se mueven, aproveche estas situaciones para hablar con ellos sobre los beneficios y peligros de Internet. Es necesario también concienciar a los niños y jóvenes sobre el acoso y la importancia de no dar los datos en Internet. Tómese su tiempo para actualizar su ordenador, instale un antivirus y un control parental tanto en el ordenador como en el móvil del menor, vigile los movimientos de las tarjetas bancarias en el caso de los jóvenes. Ponga el ordenador en una zona de paso y evite que sus hijos estén en Internet por la noche. Adquiera juegos, videoconsolas o móviles acorde a la edad del menor. Si no está seguro, no conecte la videoconsola o la televisión a Internet y restringa las llamadas al móvil de su hijo.

Ante una situación de ciberacoso, la Consejería de Educación recomienda, ante todo, serenidad y pedir ayuda ya que: «Su hijo necesita ayuda. Obviamente, esta ayuda será diferente si es víctima o si trata de un acosador, pero en ambos casos se trata de ayudar». El primer paso es acudir al centro escolar ya que, lo primero, es que cese el acoso. «Y, para ello, la actuación del centro es imprescindible pero la de la familia es fundamental». Apoyar a la víctima y demostrar al agresor que no se va a tolerar más acoso es esencial para parar este acoso. Si este primer paso no es eficaz o el menor es víctima de una agresión muy grave o hay un rebrote en las agresiones, los padres deberán comunicarlo al centro lo antes posible y, si es su deseo, indicarles su intención de denunciar el caso a la Policía. En www.protegeles.com se puede hacer una denuncia anónima.

 

Signos de alerta ante un ciberacoso

Si tu hijo….

  • Cambia de hábitos en el uso de Internet
  • No quiere ir al colegio (o salir al recreo, al centro deportivo…)
  • Tiene altibajos en el estudio y en el rendimiento escolar
  • Oculta sus mensajes del móvil o de Internet
  • Tiene miedo a salir de casa
  • Presenta cambios de humor
  • Se le ve triste e irritable
  • Tiene reacciones agresivas inusuales
  • Pierde cosas o presenta lesiones sin explicación
  • Se le ve más reservado y con actitud ausente
  • Ocupa lugares que pueda controlar con la vista
  • Siempre procura estar cerca de un adulto
  • Siente dolores sin causa física aparente

… Puede sufrir una situación de ACOSO

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