Mensajes de luz

Cuando “la luz se hizo”, 300.000 años después del Big Bang, el Universo en expansión se había enfriado hasta unos 3.500 grados. Radiación y materia se desacoplan, se forman los primeros átomos estables y los fotones (“partículas de luz”) pueden escapar libremente, llenando todo el Cosmos. La radiación de fondo en microondas que hoy observamos es luz fósil, el frío eco del Big Bang.
 
Nacen estrellas y galaxias; se suceden generaciones de estrellas formadas con material enriquecido en elementos químicos generados en el interior de sus antecesoras o en violentas explosiones de supernova y son expulsados al espacio.
 
Muchas de estas estrellas desarrollan planetas… En uno de ellos, alrededor de una estrella vulgar, surge hace unos 3.800 millones de años la vida elemental, que evoluciona hacia una generosa biodiversidad. De los primeros homínidos bípedos se ramifica la estirpe humana, de la que pervive nuestra especie, Homo Sapiens.
 
Desde sus orígenes, el ser humano encontró en la luz alimento para su inspiración y estímulo para su curiosidad. De esta, nace la ciencia más antigua, la Astronomía, que, salvo meteoritos y escasas muestras tomadas in situ, solo puede avanzar observando la luz procedente de los astros y aprendiendo a descifrar sus mensajes.
 
Es asombrosa la cantidad y variedad de información codificada en la luz (o en su ausencia: la materia y energía oscuras son hoy excitantes desafíos…)
 
El brillo observado de un astro depende de su potencia real emitida, tamaño y distancia, y el color dominante de su luz, de la temperatura. La luz blanca dispersada por un prisma, una red de difracción o las gotas de lluvia muestra su descomposición en colores o espectro. Nuestros ojos solo perciben una pequeña parte del mismo, del rojo al violeta, pero existe luz de colores invisibles, desde las ondas de radio a los rayos gamma, que también detectamos e interpretamos.
 
El análisis del espectro revela la presión, temperatura, densidad o campo magnético en la fuente de luz, así como su movimiento. Así se ha comprobado la expansión del Universo y estimado su edad.
 
Y aún hay más. Los espectros de estrellas muestran “la huella dactilar” de los elementos químicos que las componen, los mismos que constituyen todo el Universo, incluidos nosotros.
 
¿Cómo no dedicar un Año Internacional a la portentosa luz?
 
 
Por cierto: ordenando en una matriz los elementos químicos según el número de protones en el núcleo atómico, se repiten periódicamente ciertas propiedades: es la Tabla Periódica, que el Museo de la Ciencia de Valladolid acerca a todos los públicos con la App “Mendelevium”, finalista de los Premios e-volución 2015.

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