El teatro, espacio de libertad

The Cross Border Project ha pasado de ser un proyecto fin de curso a una compañía de teatro que interactúa con el público a través de Twitter.
 
En 2010, Lucía Miranda cursaba en Nueva York un Máster de Teatro y Educación. Para final de curso, quiso hacer un espectáculo, ‘De Fuente Ovejuna a Ciudad Juárez’, pero el proyecto se le fue de las manos. Acabó estrenándose en el Teatro Thalía y marchándose de gira por los festivales de verano en España. «Abandoné la idea de la compañía durante un tiempo y la retomé en 2013, ya en España, con un grupo de artistas y educadores que les apetecía involucrarse en ello. The Cross Border Project comenzó como una compañía de teatro, y ahora crecemos con la creación de la Escuela y lo que nosotros llamamos La Cocina», explica la directora del Cross Border.
 
Este proyecto, ahora realidad, consiguió el premio e-volución a la ‘Mejor comunicación viral’ en 2015. Lucía Miranda recuerda cómo fue la idea de presentarse al concurso: «Íbamos a estrenar ‘Perdidos en Nunca Jamás’ en el Teatro Circo de Murcia con unas funciones para escolares. No nos daba tiempo a tener el encuentro con el público a la salida y nos preguntamos cómo podíamos llevarlo a cabo, cómo podíamos saber de alguna manera qué pensaban los chavales del espectáculo. Entonces, Irene Blanco, nuestra encargada de redes, se le ocurrió que usáramos Twitter con el hashtag ‘#NuncaJamás’. Lo novedoso es que, en lugar de pedir que el público apagara sus teléfonos móviles, les pedíamos que los dejaran encendidos pero silenciados y que los usaran durante la representación: que nos hiciera fotos, que compartieran con nosotros sus momentos y sus frases preferidas... Y funcionó de maravilla. Nuestro ‘time line’ se llenó de frases preciosas, y la función de la tarde para público adulto aumentó muchísimo su venta de entradas gracias a este boca a boca a través de Internet. Desde entonces, lo usamos en todas las funciones, y posiblemente se quede con nosotros en futuros espectáculos. Al principio hubo gente que nos recomendó que no lo hiciéramos porque el público, y sobre todo la gente joven, iba a estar más pendiente del móvil que de la función. Pero nosotros pensamos que eso es nuestro problema como artistas: si la historia que les estamos contando no les engancha como para que estén más pendientes del teléfono, es que no hemos hecho bien el trabajo».
 
Desde ese momento, Twitter se ha convertido en una herramienta fundamental para la venta de entradas de los espectáculos. «El público se ha convertido en nuestro mejor crítico: les hemos dado el espacio y ellos lo han utilizado, respetando el silencio del móvil o el hacernos fotos sin flash durante la función. Nosotros solemos decir que, con este tipo de comunicación viral, y sobre todo aplicada a funciones escolares, el teatro se convierte un poquito más, en un espacio de libertad. Una de las primeras lecciones que aprenden es que en el teatro se apaga el móvil, y muchos ya vienen fastidiados porque el teatro es una prolongación del instituto. Queríamos que fuera un espacio donde ellos deciden si usan esa libertad para ver la función, tuitear sobre ella, o pasar de nosotros».
 
Actualmente, tienen funciones cerradas para 2015/16 con ‘Perdidos en Nunca Jamás’ y con ‘¿Qué hacemos con la abuela?’. A su vez, estrenarán ‘El clan Luzzini’, una pieza breve producida por Oxfam Intermón. En enero, la Escuela Cross viajará a Etiopía para dar cursos allí y «este verano estaremos en Medina de Rioseco, continuando con un proyecto de teatro, educación y comunidad».
 
La Escuela y la Cocina
 
Lucía Miranda confirma que ese proyecto inicial sigue creciendo con la puesta en marcha de la Escuela y la Cocina. La primera de ellas, como su nombre indica, es una escuela de teatro aplicado. «Tendrá su sede en Madrid y, si todo va bien, la abriremos físicamente en 2016. Ya hemos empezado a dar clase a través de ella».
 
El teatro aplicado son prácticas teatrales y procesos creativos en los que los participantes y el público participan de una representación no convencional que responde a la gente corriente y sus historias. «En la Escuela damos cursos de teatro foro, teatro documental... y no va dirigida  a crear actores, sino a generar herramientas de resolución de conflictos y de trabajo con la comunidad».
 
En cuanto a la Cocina, es el espacio «donde investigamos y probamos cosas nuevas. Como creadores, muchas veces quieres hacer un proyecto por el placer de hacerlo, sin idea de comercializarlo, o es un proyecto en relación con otras artes, por el gusto de aprender. Eso lo hacemos en La Cocina, el espacio donde como en una cocina mezclamos sabores y vemos qué sale».

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