Tierras raras

Aunque estemos en pleno verano no es mi intención hablar de lugares exóticos. El título que encabeza este texto es un concepto peculiar ya que las llamadas ‘Tierras Raras’ conocidas en inglés como REE (Rare Earth Elements), ni son tierras ni son raras. La prueba es que, cualquiera de nosotros que tenga en el bolsillo un billete expedido por el Banco Central Europeo ya porta ‘tierras raras’.

Se trata de un grupo de elementos químicos (17) que habitualmente están entremezclados con otros y no son sencillos de separar. Su nombre tierras proviene de que los antiguos griegos llamaban así a los materiales que no cambiaban al calentarlos (con los medios de aquel tiempo). Estos óxidos, ya que es la forma en la que se encuentran, encajan en esa definición. El adjetivo ‘raras’ se debe a lo difícil que es obtener los elementos en estado puro y no a su abundancia. Como antes decía, tú mismo probablemente llevarás ‘europio’ en tu bolsillo. Y es que los billetes en euros, para evitar ser falsificados utilizan un material fluorescente, precisamente el europio, bautizado así en honor del viejo continente. Bonito guiño, por cierto.

En una publicación dedicada al negocio digital quizá esté el lector pensando que el calor de esta época me haya hecho despistarme del tema principal, pero no es así. Si me dieran a elegir entre tener una mina de oro o de ‘tierras raras’ yo no lo dudaría. La sociedad actual es absolutamente dependiente de materiales con nombres poco escuchados como, por ejemplo, el lantano, el erbio o el cerio con el que pueden pulir las lunas de tu coche. Elementos que componen los generadores eólicos, los dispositivos con pantallas táctiles o las baterías de los vehículos híbridos. Económicamente el mismo Obama tuvo que intervenir para denunciar la estrategia de China al reducir sus exportaciones hace unos años produciendo una subida escandalosa de los precios. Todo debido a que es del país oriental de donde proviene la casi totalidad de la producción mundial con su yacimiento de Bayan Obo en Mongolia perfectamente visible, por cierto, utilizando Google Maps.

Sin embargo no se trata tan solo de tener esos materiales ya que siempre han estado ahí, sino de saber para qué podemos utilizarlos. Por ello algunos científicos forman grupos de lo que se llama ‘caracterización de materiales’. Se dedican a averiguar qué características tienen tanto físicas como eléctricas, o de cualquier otro tipo. Así, por ejemplo, el grupo que tiene la Universidad de Valladolid, al que dedicamos el artículo de la página 22 ya ha hecho descubrimientos importantes. Trabajando con materiales que no se tenía muy claro para qué podían servir han llegado a conclusiones que permiten utilizarlos para hacer memorias. Y vosotros pensaréis que ya tenéis un bonito ‘pincho’ o memoria USB aunque, probablemente, no seréis conscientes de que esa memoria después de unas 100.000 lecturas o escrituras dejará de funcionar. Y os aseguro que no son tantas como parecen.
Y como en tantas ocasiones vuelvo a llegar a una ecuación que no sé resolver por lo que la describo para ver si alguien me ayuda. Si por un lado tenemos a un grupo de científicos que han descubierto algo, a priori muy útil, con gran potencial tecnológico y económico y, por otro, tenemos a graduados universitarios suficientes para poder desarrollar todo esto, me aparece una incógnita: ¿Por qué no se invierte en su desarrollo sabiendo que el retorno económico y social en unos años será espectacular?

Nos vamos de vacaciones, pero ya tenemos fecha para el congreso e-volución 2015. El 8 de octubre en la Feria de Valladolid tendremos la oportunidad de escuchar experiencias e ideas de cómo aplicar la tecnología al negocio. Si quieres preinscribirte e ir conociendo a los ponentes, la web www.congreso.e-volucion.es ya lo permite. Allí nos veremos. ¡Feliz verano!

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