La granja

En biología, el término “ecosistema” se utiliza para definir a conjuntos de organismos vivos, que comparten un medio físico determinado y tienen relaciones de interdependencia entre sí. Es la armonía de estas relaciones la que permite la supervivencia sostenible de ese hábitat determinado. La palabra ecosistema nos evoca las selvas tropicales, las sabanas africanas, o incluso las charcas límpidas de las praderas. Incluso a mí, cuando me dicen que tenemos que crear ecosistemas económicos, se me pone cara de ameba.
 
La tecnología, una de las ciencias recién llegadas al panorama científico, utiliza a menudo palabras de otros saberes para rellenar sus carencias (mejor eso que utilizar palabras venidas de la pérfida Albión, como la otrora popular “sinergia”). Podemos definir el ecosistema móvil, como el conjunto de actores económicos y de las relaciones que se crean entre ellos que hacen sostenible un mercado, en este caso el de los smartphones. Entre los participantes del ecosistema, podemos encontrar a los fabricantes de terminales, operadores de telecomunicaciones, anunciantes, programadores de aplicaciones, usuarios, empresas de mantenimiento de móviles y distribuidores, y en general, cualquier agente económico que participe del negocio. En el conjunto de todas estas relaciones se crea riqueza, en un entorno en el que todos ganan, y la existencia de cada uno se apoya y se justifica por la del resto. Es de mal gusto recordar que en los ecosistemas de verdad las interacciones entre los actores consisten en realidad en que unos se comen a los otros.
 
Es importante que nuestra sociedad participe en un el desarrollo del mercado del teléfono móvil. No sólo por la cantidad de oportunidades de trabajo y dinero que lleva consigo, sino también porque es un elemento de desarrollo y competitividad para el resto de los sectores. Es necesario tener gente bien formada en las tecnologías, buenos emprendedores, distribuidores y comerciantes especializados… Cuanto más trozo del pastel tengamos como sociedad mejor nos irá.
 
Aunque en realidad, y a poco que analicemos este mercado, la situación se parece más a un par de granjas que a un ecosistema. Por un lado Apple y su sistema iPhone, y por otro, Google y su sistema Android, son amos y señores en cada una de las granjas. Ellos deciden quién puede medrar y quién va al matadero. Cuáles son las parcelas que se van a regar y cuáles a fumigar. Ellos son los que marcan las reglas y, claro, así son ellos los que ganan siempre. Los oligopolios es lo que tiene. Y demos gracias a que por lo menos son dos; cuando sólo quede uno la situación será todavía peor… Habrá que intentar dar una vuelta al tema.

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