Transformación y ecosistema digital

Ninguno de nosotros es tan longevo como para recordar el impacto que la Revolución Industrial (Siglos XVIII y XIX) tuvo en la sociedad y el entorno económico de la época: aumento del nivel de vida, elevación del PIB, productividad, comunicaciones y relaciones internacionales. Y todo ello porque se aplicaron soluciones y conocimientos tecnológicos de la época a la anquilosada estructura económica y social de inicios del Siglo XVIII: el ferrocarril, la mecanización industrial, los combustibles y la innovación científica.
 
Desde finales del pasado Siglo XX y hasta nuestros días, unas tres décadas, estamos inmersos en lo que podríamos llamar la Revolución Digital. Esta revolución no ha supuesto una inflexión tan aguda como la vivida por nuestros antepasados pero sus efectos están siendo más profundos y sostenidos en el tiempo y con previsión de prolongarse a largo plazo. Esta revolución se sustenta en la evolución de la tecnología: equipos, aplicaciones y comunicaciones; lo que se ha dado en llamar el ecosistema digital, que no viene a ser otra cosa que la aplicación a toda actividad, susceptible de ser mejorada, de todas aquellas soluciones que la hacen más fácil, más productiva, más flexible, más rápida y más orientada a la mejora de las condiciones de contorno dentro del ecosistema. Y no solo dentro del ecosistema están los negocios; también lo está nuestra vida y su nivel de calidad.
 
Ante el escenario que nos ha sobrevenido, la posición de los actores dentro de la sociedad y el mundo de los negocios ha sido gestionada de diversos modos. Aquellos actores que no han asumido el cambio y la transformación, o cuando aquél y ésta no son aplicables a su naturaleza intrínseca,  están condenados, más pronto que tarde, a morir. Aquellos que están siendo capaces de adaptarse al nuevo ecosistema tienen altas probabilidades de sobrevivir. Y, por último,aquellos que entendieron desde un inicio el mensaje de la innovación desde el primer momento, tienen la vida prácticamente asegurada. Es la necesaria transformación.
 
Estamos ya ante la vorágine del nacimiento de muchas compañías, negocios, grupos sociales, servicios públicos y otros entes de interés cuyo arranque ha sido y es ya totalmente digital. Aunque estos entes no necesiten de transformación, sí que han de mantener su orientación inicial. Esta revolución digital nos presenta soluciones y herramientas que, en muchos casos, son efímeras y evolucionan de manera endiabladamente rápida.
 
Piénselo, querido lector: Usted, quiera o no, ya se está transformando y forma parte, cada vez más, del ecosistema digital.

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