¡Háztelo tú mismo!

La pasión por hacer las cosas uno mismo la llevamos en nuestros genes. Durante generaciones todos los niños han disfrutado construyendo, aprendiendo, simulando.  Hay algún placer intrínseco en crear, en hacer las cosas uno mismo. Son incontables los juguetes de construcción, de química, plastilina, de circuitos eléctricos que los Reyes Magos han traído a nuestros pequeños; bueno, al menos hasta que las tabletas y los videojuegos han destruido esa creatividad; los niños de hoy en día ya no juegan con las manos, sólo con los dedos, aunque esa es otra historia.
Lo normal es que a medida que crecemos vayamos dedicando menos tiempo a estas tareas de ocio, y más al trabajo y a la familia, aunque algunos las conservan durante toda la vida. Quién no conoce a multitud de “manitas”, que saben del funcionamiento de las cosas, cómo repararlas, e incluso dónde encontrar las piezas necesarias ¡llamándolas incluso por su nombre! Viéndoles trabajar, no cabe duda que disfrutan con lo que hacen.
Internet también ha sacudido este mundo de arriba abajo. Sin Internet, los aficionados a la construcción de cosas dependían de una serie de revistas especializadas y de tiendas sólo accesibles en las grandes ciudades, a unos precios realmente prohibitivos. Hoy en día toda la información sobre cualquier hobby se encuentra a toneladas en la red, y la mayoría de las veces completamente gratis. Los precios de las piezas y componentes bajan continuamente de precio, junto con los costes de envío (por cierto, nunca he entendido por qué antes era tan caro enviar algo por correo y ahora es tan sumamente barato ¿milagros de la competencia?). Es increíblemente sencillo iniciarse en el mundo de la robótica, del aeromodelismo, de los coches de carreras.
Y una cosa muy buena de crear, es que se disfruta tanto o más compartiendo el resultado del trabajo que con el trabajo en sí mismo. Los artesanos aficionados les gusta regalar el trabajo, los cocineros son felices viendo comer a los amigos. Internet ha potenciado este espíritu hasta el extremo; bajo la forma del OpenSource es posible hallar en la red millares de ideas, de manuales, prototipos, de diseños, de foros de discusión. Disponibles para quien quiera utilizarlos, generalmente sin más compromiso que no hacer un uso comercial de los mismo. Imposible no encontrar lo que se busca.
Y lo mejor es que nunca como hasta ahora estas aficiones se han convertido en un diferencial personal para el mercado de trabajo. Sólo nos falta convencer a nuestros niños que gasten menos tiempo jugando al fútbol cibernético o pegando tiros delante de la pantalla, y descubran un mundo que además de ayudarles en su desarrollo, puede venirles muy bien el día de mañana.
Destacado: Internet ha potenciado este espíritu hasta el extremo; bajo la forma del OpenSource es posible hallar en la red millares de ideas.

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