La publicidad que no molesta

Desde el año 3000 a.C. (fecha de la que data una tablilla de arcilla con inscripciones para un comerciante de ungüentos, un escribano y un zapatero, encontrada en la antigua Babilonia), todos los comerciantes quieren dar a conocer sus productos y servicios de múltiples formas, con el objetivo de que su mensaje consiga llamar la atención, despertar el interés, provocar el deseo por su adquisición, y por tanto… la compra.

Hoy en día, como consumidores nos encontramos bajo una verdadera sobreexposición a la publicidad (se calcula que unos 3.000 impactos publicitarios al día). Este hecho es más evidente en los intermedios de los programas de televisión, que producen un efecto rechazo en el televidente. Éste utiliza los largos periodos de anuncios para hacer zapping o para ir al baño. O también cuando navega por Internet, el usuario instala aplicaciones específicas que bloquean los anuncios.

Para evitar este comportamiento, se ha tratado de integrar la publicidad en el propio programa principal de lo que se está viendo u oyendo. Para ello, se introdujo, en los años 50, la publicidad subliminal, definida como “aquella que por ser emitida con estímulos en el umbral de la sensibilidad no es conscientemente percibida”, y considerada ilícita en España desde 1988 por la Ley General de Publicidad. A partir de los 80, se ha recurrido a una publicidad más sutil, que consiste en incorporar los productos que queremos promocionar dentro de las películas, videos musicales, videojuegos o en las series de televisión, como parte de la secuencia (denominado con el anglicismo Product Placement).

Un nuevo método para intentar influir de forma autorizada e interactiva en la compra de los clientes (en este caso sobre los que acceden a nuestras tiendas o centros comerciales), es mediante el envío de mensajes a sus teléfonos móviles. Para ello es necesario un elemento llamado “Beacons”. Los beacons son “balizas” que emiten señales de corto alcance a nuestros móviles vía Bluetooth. Es decir, los beacons envían señales que las aplicaciones móviles reconocen y reciben notificaciones en forma de publicidad. De este modo el usuario obtiene ofertas exclusivas en tiempo real. Nos dan la bienvenida al entrar en el local, nos informan de las promociones y, dependiendo del recorrido, nos pueden ofrecer productos adicionales: si estamos en la zona de cervezas, nos pueden hacer una oferta si adquirimos además unas determinadas patatas fritas. O si nos estamos probando una determinada ropa que está en promoción, podemos recibir un descuento si subimos una foto a Instagram, con un hashtag determinado, vistiendo ese modelo.

 

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