El reto de la digitalización

La transformación digital de las empresas y negocios es un concepto tan sencillo de definir, como complejo en su aplicación. La digitalización consiste, básicamente, en la aplicación de herramientas y soluciones basadas en las tecnologías de la información y las comunicaciones a todos los procesos de negocio y actividad de la empresa susceptible de ser mejorados, en cualquier sentido, tras su redefinición digital.

¿Dónde se encuentra la dificultad en la aplicación de este concepto básico? ¿Es necesaria maestría en esta transformación? Sí. Y mucha si buscamos un resultado positivo e impactante a todos los niveles: propiedad, resultados, clientes, empleados, proveedores y otros grupos de interés alrededor de nuestra actividad.

El término “digital” ha acabado imponiéndose como calificativo de este tipo de transformaciones debido a que todas las palancas que las sustentan son de naturaleza tecnológica (equipos, aplicaciones y comunicaciones). Hoy por hoy disponemos de muchísimas herramientas de este tipo aplicables al rediseño de actividades y procesos. La correcta aplicación de las mismas ha de generar siempre mejoras en todos los ámbitos: captación de clientes, cifra de ventas, costes ajustados a la actividad, mejora del beneficio, diseño de productos y servicios, mejoras logísticas, amplitud en la comunicación, mejor llegada al mercado, administración eficiente, control financiero, selección de personas y un entorno de trabajo confortable y colaborativo a la medida de los empleados.
Por lo general, los negocios y empresas españoles gozan ya de un cierto nivel de digitalización: aplicaciones informáticas, equipos de proceso de información, dispositivos para el puesto de trabajo y redes de comunicación. Pero cuando se habla de transformación digital hemos de ir mucho más allá. Y no sólo pensar en disponer de una más o menos vistosa página web. O pensar que es lo máximo estar en las redes sociales.

Sin ser exhaustivos citando posibilidades, podemos enumerar diversas herramientas y su utilidad. Las zonas web o la presencia en redes sociales han de ser funcionales y no meramente publicitarias. Han de permitir la ejecución de procesos de negocio o servicio: venta, atención al cliente, logística, captación, realización de trámites, transacciones financieras, seguridad de datos y control de actividades.
La inteligencia de negocio, mediante herramientas de tratamiento de información (big data), ha de desarrollarse mediante el tratamiento de la información captada del mercado, de los procesos y de los clientes tras su automatización.

El desarrollo de actividades por parte de los empleados (comercialización, administración, logística, proveedores, clientes) puede transformarse drásticamente mediante el establecimiento de cadenas de producción, actividad o suministro basadas en aplicaciones y dispositivos fijos y móviles (mobile computing) con su estructura de comunicaciones adecuada. Todo ello generará un entorno colaborativo sólido y eficiente con servicios, incluso, soportados en la nube (cloud computing).
Complejo, sí. Pero al alcance de la mano. Suerte en el intento.
 

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