Al volante del Toyota RAV4 híbrido

Al ser Toyota la marca que ha introducido en el mundo del automóvil de serie la tecnología híbrida, parece un hecho natural el que ahora la incorpore en su popular todocamino, el RAV4.
La  cuarta generación de este SUV, nacida en el año 2013 y puesta al día en este de 2016, incorpora una inédita variante híbrida que aprovecha el sistema de propulsión de su primo el Lexus NX 300h. Así tenemos un cuatro cilindros de gasolina  de 2,5 litros y 155 CV, asociado a dos motores eléctricos (143 CV delante y 68 CV detrás) en esta variante 4 x 4.
Pero como el conjunto no suma, porque la potencia eléctrica está limitada por la batería, este Toyota nos ofrece un total de 197 CV, lo que sobre el papel no está nada mal.
El conjunto es de una absoluta simplicidad a la hora de conducir: contacto activado, basta colocar la palanca del cambio en la D, y el sistema híbrido vive su vida. El funcionamiento lo podemos seguir mediante una pequeña animación en la pantalla situada en el centro de la instrumentación que nos permite comprender las interacciones entre los diferentes motores y la batería. Si esta última, de una capacidad de 1,59 KWh, se encuentra lo suficientemente cargada, una pequeña presión sobre el acelerador es suficiente para empezar a movernos suavemente, en un silencio casi total solo roto por un silbido que recuerda a un eléctrico puro como el Renault Zoe. Cuando el motor térmico toma el relevo, lo hace con absoluta suavidad, y en cuanto levantamos el pie del acelerador, aunque sea solo unos pocos segundos, vuelve al eléctrico. Es asombrosa la perfecta gestión automática de estos procesos  de cambio de solo eléctrico a combinado y viceversa, sin que en ningún momento el sistema de propulsión manifieste la menor duda.
En un tramo liso, sin desniveles, al volante del RAV4 es posible mantenerse en los 60 km/h del velocímetro  propulsado solo por electricidad. Después el cuatro cilindros de gasolina toma el relevo con tal  suavidad que el mejor de los diésel (que los hay poco vibrantes y discretos) parecerá en comparación un camión.

En ciudad
Es en la ciudad  donde el RAV4 parece adaptarse mejor. Cierto que su radio de giro (12 metros pared a pared) y su tamaño (4,61 m) le perjudican pero la facilidad de utilización se potencia con una posición alta de conducción que permite disfrutar de una buena visibilidad, sin olvidar que el equipamiento puede incluir  la muy práctica cámara 360°  que permite aparcar  en un hueco muy justo sin tocar ni los parachoques contra los otros vehículos ni las llantas contra los bordillos. Por cierto que las protecciones en plástico negro le protegen muy bien de los pequeños rayones de ciudad. Añadamos a esto un consumo real muy ajustado  de 6,7 litros para completar un excelente panorama en uso urbano.

Salimos de viaje
Ya en carretera  el RAV4 Hybrid no parece tan atractiva su utilización, pero esto hay que matizarlo. No es que resulte ruidoso, todo lo contrario,  ni incómodo. Tampoco por que sea perezoso: pasa de 80 a 120 km/h en tan solo 6,4 segundos. Simplemente que si pretendemos una conducción viva y rápida este no es su campo. Esto es fruto de una dirección que trasmite poca información del suelo, unas suspensiones blandas más al gusto americano o japonés que al europeo, los 125 kilos más que pesa en relación al Rav4 diésel con equipamiento equivalente, y sin olvidar  el cambio  CVT que embala el motor cuando pisamos a fondo el acelerador.
El tema del cambio CVT: mejor de lo que se dice
En realidad es más bien una mala sensación pues el coche acelera mejor de lo que sentimos. La verdad es que en España hay una mala fama de los cambios de variador continuo pero en realidad si aceleramos progresivamente el del Toyota responde bastante bien, bastante mejor de lo que en muchos artículos se refleja. Y además hay la posibilidad de bloquear las cuatro, tres o dos primeras relaciones (artificialmente reconstituidas pues es un cambio de variador continuo)  lo que viene muy bien. No es lo mejor para pretender hacer una conducción dinámica en una carretera de montaña o con muchas curvas pero si responde al uso familiar mayoritario. En carretera el consumo ha estado en los  7,5 litros de media.
El  Rav4 IV h se encuentra más a gusto en una conducción calmada que en una dinámica. Así en viajes largos en autovía a un ritmo sostenido es agradable para viajar. Aquí el consumo ha estado en los 8,9 litros a los 100 kilómetros. Pero tanto en carretera como autovía estos consumos se pueden reducir.
Por otra parte no estamos ante un todoterreno, mas allá de lo que es circular por caminos. Su tracción total resulta útil para los amantes del campo (cazadores, pescadores), de la nieve o como un nada desdeñable  factor de seguridad en situaciones de baja adherencia (lluvia, hielo). Es decir hablamos del 90 por ciento de  los usuarios de 4x4.

A quién le interesa
Frente al Rav4 diésel este modelo híbrido gasolina-electricidad se dirige a un usuario muy determinado y que sabe bien lo que quiere. Será alguien que practique una conducción tranquila, suave, familiar y que presuma, con razón, de su conciencia ecológica: los anagramas «Hybrid» son muy visibles. Es un conductor al que no le gusta para nada el diésel, que rueda menos de 10.000 kilómetros al año y que  muchos de esos kilómetros son en ciudad (donde los híbridos hacen evidente su capacidad de ahorro) sin olvidar que en grandes ciudades este tipo de vehículos podrán seguir circulando junto a los eléctricos en situaciones de restricciones de tráfico por elevada contaminación.
Además si ya los Toyota en conjunto se sitúan entre los modelos que generan mayor satisfacción entre los usuarios, sus versiones híbridas  están entre las más fiables de la gama.

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