España en el puesto 35 de transformación digital

De Europa, 7 países están en el top-10 y otros 8 también nos adelantan
Crece la innovación en modelos de negocio
Los usuarios van por delante de las empresas en cuestiones digitales
 

Aunque parece que llevamos mucho tiempo hablando de transformación digital, en realidad sólo estamos en los albores de una nueva revolución que da nombre a la Industria 4.0. El avance y la velocidad de transformación dependerán de la capacidad de cada país, de sus individuos, empresas y administraciones, de aprovechar las oportunidades que brinda la economía digital. Hoy en día España, que aspira a ser este año la 12ª economía del mundo por PIB –llegamos a ser la octava-, ocupa un discreto puesto 35 en el ranking mundial. Pero no hemos de desanimarnos pues siete países europeos se encuentran entre los diez que encabezan la lista.

La economía de mercado que nos ha traído a este punto, ha permitido que esta nueva revolución empiece por el consumidor, que ha sido el primero en adoptar la tecnología digital e integrarla en sus hábitos, principalmente en términos de comunicación. Esto, sin embargo, no ha sido más que el primer impulso puesto que la digitalización es la aplicación con carácter general de la tecnología. Este atributo de utilidad general la equipara a fuentes de innovación como la electricidad que suponen una reestructuración de la economía y una redefinición de la sociedad.

Siete son los países que encabezan el ranking NRI (índice de preparación en conectividad o Networked Readiness Index en su nombre original): Singapur, Finlandia, Suecia, Noruega, Estados Unidos, Países Bajos y Suiza.

Son los países que mayor impacto económico generan por inversión en tecnologías de la información y comunicación (TIC), según el  Informe Global de Tecnología de la Información 2016 del Foro Económico Mundial publicado este mes. De media se encuentran un 33% por encima de otras economías avanzadas y un 100% de las emergentes.

La conectividad tiene un papel fundamental de cara a la Cuarta Revolución Industrial y el impacto económico y social de las TIC va a tener mucha relación con el nivel de confianza por parte de los líderes empresariales en el aumento de la capacidad de innovación. Hasta el momento, sin embargo, las personas siguen adoptando las TIC en general con mayor entusiasmo que las empresas o las administraciones.  En los puestos más altos del ranking existe una fuerte correlación entre conectividad y renta per cápita y, aunque el 75% de los 139 países incluidos en el informe mejora, aumenta la brecha digital con los países menos conectados.

La nueva revolución que vemos emerger es –como tal- transversal a todos los ámbitos de la vida, al combinar tecnologías digitales con otras físicas y biológicas.

Este informe mide el grado de preparación de los países para aprovechar los beneficios y capitalizar las oportunidades de la transformación digital. Para ello parte de valorar aspectos tan básicos como el entorno regulatorio y tan sofisticados como la infraestructura de redes. Todo afecta y todo queda afectado por la digitalización. La revolución digital está cambiando la naturaleza misma de la innovación y elevando la presión sobre las compañías para innovar constantemente.

La tecnología digital permite un nuevo tipo de innovación sin apenas coste ni esfuerzo de investigación, como la digitalización de productos y servicios existentes o la puesta a disposición de los mismos de manera gratuita con ingresos basados en la publicidad. La innovación no se materializa ya sólo en patentes sino que crece la innovación en los modelos de negocio, caracterizada por una elevada adopción de tecnologías de la información y la comunicación (TICs) incluso en empresas no tecnológicas. Algunas de ellas compiten por llegar las primeras para capturar la mayor parte del negocio, mientras otro grupo permanece impasible, abriéndose así también la brecha digital en los distintos sectores de la economía.

Europa queda en buen lugar en este ranking de preparación conectada, con siete países en el top 10: Finlandia, Suecia, Noruega, Países Bajos, Suiza, Reino Unido y Luxemburgo.

Algunos países se están descolgando como Grecia que queda en el puesto 70. Otros del este europeo ven recompensados sus esfuerzos, como Polonia y República Checa que quedan entre los 50 primeros. Y alguna de las grandes economías pisa el acelerador, como es el caso de Italia que alcanza el puesto 45 tras subir diez en un año. Por delante de España también se encuentran, entre los europeos, Dinamarca, Alemania, Islandia, Austria, Bélgica, Francia, Irlanda, incluso Portugal, que está cinco posiciones por encima.

Al tratarse de un cambio que afecta a los cimientos económicos y sociales, sin embargo, no es algo que pueda ponerse a punto de un día para otro sino que es necesario recurrir a palancas estructurales y factores estratégicos.

España se sitúa en la posición 35 del ranking mundial –tras bajar uno respecto a 2015 y subir tres respecto a 2013- por la media de 9 pilares y más de 50 aspectos que puntúan en este macro informe. El pilar que más nos penaliza, significativamente, es el de las habilidades, principalmente por el factor de calidad del sistema educativo que nos sitúa en el puesto 85 y, particularmente, en ciencias y matemáticas. Algo para la reflexión. Tampoco nos favorece el entorno político y regulatorio, con aspectos especialmente castigados como los procedimientos para hacer cumplir un contrato (puesto 94) y la eficacia del sistema legal para resolver disputas.

Salimos mejor parados por el índice de uso, en el puesto 32, especialmente por el uso individual, en lo que respecta al uso de internet y las conexiones a banda ancha. Mientras que el uso por parte de las empresas queda en un modesto puesto 43, principalmente penalizado por el alcance de la formación de los empleados, la adopción de tecnología y la capacidad de innovación. Estos factores, sin duda, ponen deberes a nuestro tejido empresarial, necesario para completar la transformación digital, que ha de coger –al menos- la velocidad que alcanzan ya los usuarios españoles. Algunas medallas permite el informe, no obstante, que nos pongamos, como el primer puesto en competencia en el sector de internet y telefonía, un cuarto puesto en los servicios telemáticos de la administración y un sexto puesto en la calidad de nuestras escuelas de negocio.

Las nuevas capacidades de procesamiento y la amplia accesibilidad al conocimiento, hacen de la Cuarta Revolución Industrial un fenómeno abordable por cualquier economía, mientras que la conectividad lo convierte en un proceso verdaderamente global y diferenciado de anteriores revoluciones. Nuevas tecnologías como el Internet de las Cosas o la Impresión 3D permiten que la tecnología digital tenga efectos, a través del mundo físico, en todas las industrias. El desarrollo de las economías se acelera y también crece el gap entre aquéllas que se adaptan con la suficiente diligencia al entorno digital y las que no.

La adopción de las TICs por parte de las organizaciones, con el apoyo y los cauces de las administraciones, va a ser la clave para que definitivamente nos incorporemos al próspero grupo de las economías productivas desarrolladas.

Ahora más que nunca tenemos que concienciarnos de que hemos de subir a ese tren. Un tren de alta velocidad.

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