No te escondas, te vigilan

Ahora vivimos en una sociedad en la que todo, o casi todo, se graba. El olvido es una palabra que pierde su sentido. Lo que sucede se recordará para siempre. Lo que estaba en papel deja de estarlo, se digitalizan los registros (el civil, mercantil, el de la propiedad), las fotografías, la música, los libros... Nuestras conversaciones, nuestros gustos, nuestras relaciones quedan registradas para siempre jamás en algún lugar de la nube de Internet, y no sabemos dónde. A nuestros nietos les será muy fácil conocernos. Con una simple búsqueda en Google sabrán todo de nuestra vida, incluyendo imágenes y vídeos, conversaciones de Whatsapp o rutas de vacaciones con el coche, y con un detalle mucho más claro del que tenemos nosotros mismos en nuestras cabezas. Lo llamarán “Su biografía al instante”.
Allá por 1984 nos asustábamos por el Gran Hermano que en la novela de Orwell lo vigilaba todo; tres décadas más tarde nos parece un cuento infantil. Resultó que ese hermano no era tan grande, hoy sólo vigila a vividores encerrados en una casa. El verdadero Gran Hermano es Internet, donde pasamos media vida.

Nos regalan sistemas de comunicación, navegadores para el coche, buscadores de páginas en Internet, y se nos olvida que lo que hay detrás son empresas con ánimo de lucro, no los Reyes Magos. Damos nuestro consentimiento de forma automática a que nos graben todo lo que hacemos y que luego lo utilicen a su antojo.

Nadie lee las condiciones de uso de los servicios de Internet. Nuestra legislación tampoco es que proteja mucho, forzó a las páginas de Internet a pedirnos permiso para grabarnos; cosa que todos aceptamos de forma automática (e inconsciente) cuando nos sale ese cartel pesado de las “cookies”. ¿Y para que quieren toda esa información? Fácil: para conocernos mejor, para saber por dónde andamos y cuáles son nuestros gustos. Así nos venderán más y mejor. ¿Y cómo lo van a hacer? Tampoco es un secreto: analizando con grandes ordenadores toda esa información, extrayendo patrones de comportamiento, conociendo el pasado se predice el futuro. ¿Y nuestra intimidad? Si la echas de menos, te has equivocado de siglo en el que vivir.

Esa es la ciencia del Big Data. Sacar información útil de esas cantidades ingentes de información, con nuevos algoritmos y nuevos objetivos, para que las grandes corporaciones nos manipulen todavía más. Pero no nos engañemos: eso es un coto privado de los dueños de Internet, todos ellos americanos y residentes en San Francisco. El resto de la humanidad nos tendremos que conformar con las modestas bases de datos de toda la vida.

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