Inteligencia Artificial

Para poder definir la Inteligencia Artificial o IA, debemos de separar los dos tipos de IA que hoy en día utilizamos, y que hacen que estemos tratando con conceptos muy diferentes en su significado, en su estado de desarrollo, y en la tecnología utilizada en cada uno.

Por un lado la IA débil o estrecha (del inglés ANI=Artificial Narrow Intelligence). Hace referencia a aquellas aplicaciones especializadas, diseñadas para resolver problemas o realizar tareas muy concretas de forma mucho más rápida y eficiente que el ser humano. Si nos ceñimos a la realidad, muchos de los ANI existentes no tienen de inteligencia nada más que su nombre, tratándose en realidad de programas informáticos de alto rendimiento. Si hay una destreza imprescindible en cualquier sistema inteligente, es la de aprender, cambiando su comportamiento según lo hace, y cambiándolo también ante cambios de comportamiento del entorno.

La “debilidad” de la IA débil es que esos sistemas no sirven nada más que para realizar las tareas para las que fueron concebidas, resultando inútiles para cualquier otra actividad.

Dentro de la IA débil podemos encontrar aplicaciones que han superado al hombre en tareas complejas, como por ejemplo famosos programas de ajedrez que han ganado incluso a los grandes campeones humanos. Hoy en día estamos rodeados de multitud de aplicaciones de ANI sin saberlo, como ocurre con el famoso Siri de Apple, que consigue simular que estamos hablando ante una persona, incluso parece demostrar sentimientos.

Por otra parte tenemos la IA fuerte o general (del inglés AGI=Artificial General Intelligence), la cual no tan avanzada hoy en día, consiste en el diseño de sistemas que emulen el comportamiento de un ser humano. Es decir, que sea capaz de razonar, resolver problemas, tener conocimientos, aprender y predecir, y no solo en un área concreta. Existen ya sistemas de AGI que han conseguido superar el test de Turing, test que consiste en mantener una conversación con un humano y que éste no sea capaz de distinguir si se trata de otra persona o de una máquina, aunque aún queda un poco para que este “engaño” dure más de unos pocos minutos.

Si os gusta este tema y queréis pasar un buen rato, la película ExMachina es todo un ejemplo de AGI pero también de profunda filosofía sobre lo que la AGI puede suponerle al ser humano, y según los expertos quedan unos 20 o 30 años para llegar a ello.

Hay varias metodologías básicas que se utilizan en el desarrollo de sistemas de IA. Las redes neuronales artificiales son una de las más conocidas. Imitan el funcionamiento de las neuronas cerebrales, cambiando las conexiones entre sus elementos básicos según se realiza el ciclo de aprendizaje para conseguir perfeccionar el proceso y los resultados con el tiempo. Otra de las más prometedoras es la de los algoritmos genéticos. También intenta copiar el funcionamiento biológico, pero esta vez cambiando ciertos elementos unitarios del algoritmo (denominados cromosomas binarios), incluso de forma aleatoria como la naturaleza y también mezclándolos como en la reproducción, para ir quedándose con los que ofrecen mejores resultados, imitando así la selección natural de Darwin.

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