Economía Industrial y economía digital: Una breve reflexión

Economía Industrial y economía digital: Una breve reflexión

La economía industrial nace y se consolida cuando la revolución industrial (siglos XVIII y XIX), y sus aportaciones en forma de avances técnicos, empujan el factor trabajo hacia una mayor productividad y hacia la transformación de productos primarios en otros elementos y servicios. Aparejada a esta transformación nace la aplicación de capital, la creación de las empresas y la formación de los mercados. Estos mercados se desarrollan desde la imperfección hacia el equilibrio mediante el establecimiento de precios, de niveles de competencia y de intercambios entre empresas y consumidores de los productos generados.

La economía industrial no hace desaparecer la economía primaria, fundamentalmente agroganadera y ligada a los recursos naturales, sino que supone un impulso en el desarrollo y progreso socioeconómico de todos los países. Al mismo tiempo, la economía industrial fue desarrollándose y avanzando a medida que aparecían hitos tecnológicos que reforzaban la eficiencia y eficacia en la transformación y la fabricación. Se vivieron, y todavía se viven y se vivirán, épocas en las que la aparición de nuevos productos y servicios puramente industriales revolucionaban el mundo. Qué sería de nosotros sin el automóvil, ¿verdad?

La economía digital nace y se consolida cuando la revolución digital (siglos XX y XXI), y sus aportaciones en forma de avances técnicos, empujan los factores trabajo e industrialización hacia una mayor productividad y hacia la transformación de productos primarios, de productos industriales y de servicios básicos o complejos, en bienes y servicios universales, accesibles y enfocados al desarrollo de todos los ámbitos de la actividad. Aparejada a esta transformación se incrementa la aplicación de capital, se fomenta la creación de empresas, se desarrolla la formación de nuevos mercados y nace un nuevo ecosistema digital. Estos mercados se desarrollan desde la imperfección hacia el equilibrio mediante el establecimiento de precios, de niveles de competencia y de intercambio entre empresas y consumidores de los productos y servicios generados. La economía digital no hace desaparecer la economía primaria ni la industrial, sino que supone un impulso en el desarrollo y progreso socioeconómico de los países eliminando las fronteras entre pueblos.

La economía digital sigue desarrollándose y avanzando a medida que aparecen nuevos hitos tecnológicos que refuerzan la eficiencia y la eficacia en la transformación, la fabricación y los servicios digitales. Se han vivido, se viven y se vivirán, momentos en los que la aparición de nuevos productos y servicios puramente digitales revoluciona el mundo. Qué sería de nosotros sin las comunicaciones móviles o el servicio de correo o mensajería electrónicos, ¿verdad?

Efectivamente, casi he hecho un copy/paste en esta reflexión. Estamos en un momento en el que ambas economías, industrial y digital, son difícilmente separables por la contribución de una hacia la otra y de otra hacia la una.

Lo que resulta innegable a estas alturas es que, históricamente, prevalece siempre la innovación como auténtico motor económico y social ayer, hoy, mañana y siempre. A veces se tiende asociar la innovación con el futuro, y ello no es cierto. La innovación es un concepto de presente, porque el futuro es hoy.

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