¿Un mercado de datos en tu móvil?

Hace más de 20 años, una agencia de publicidad tuvo una idea que pudo ser revolucionaria para el sector del marketing. La ocurrencia fue fundar un partido político ficticio, con la intención de acceder al censo electoral y así conocer datos como el nivel de estudios y la ubicación de los electores. Teniendo esta información, podría segmentar la publicidad a su antojo.

Ahora no es necesario simular ser un partido político decente para obtener lo que quieres. Facebook, por ejemplo, es capaz de revisar el contenido de tus mensajes privados, y mostrarte anuncios relacionados incluso fuera de la red social, como reconoce en sus condiciones legales. ¿WhatsApp hace lo mismo? Se ha denunciado ante la Agencia Española de Protección de Datos y pronto tendremos la respuesta.

La casuística sobre aplicaciones es variada, pero la conclusión general es que las pagamos con nuestra privacidad y con el tiempo destinado a ver publicidad. El problema legal se plantea cuando no se le advierte al consumidor, de forma clara y precisa, de qué datos recogerán las aplicaciones, quienes serán los destinatarios, y cuál será la finalidad para la que se usarán nuestros datos. Esta información es obligatoria, de acuerdo con la Ley de Protección de Datos (LOPD), y es necesaria para dar un consentimiento válido antes de descargarnos la aplicación. 

Todo usuario puede solicitar al desarrollador de una aplicación que le informe qué datos personales está utilizando.

Cuando una persona se descarga algunas aplicaciones de “linterna”, por ejemplo, esta accede a datos como la ubicación, fotos, archivos, micrófono, información sobre la conexión Wi-Fi, etc. Es muy probable que esta información (que parece desproporcionada) sea utilizada para enviarnos publicidad referida a otros productos que no serán precisamente la linterna, o vendan nuestros datos a terceros. Si la aplicación no lo advierte claramente, el usuario podría interponer una denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos.

Intentar controlar el uso que se hace de nuestra información es complejo, pero todo usuario puede solicitar al desarrollador de una aplicación (también a quien le envía un email publicitario, o a quien le llama por teléfono para ofrecerle un producto), que le informe qué datos personales está utilizando, su origen, la finalidad, y las comunicaciones que se hayan podido realizar a terceros, de acuerdo con el derecho de acceso contenido en la LOPD. Con esa información, es más fácil seguir la pista de nuestra información e, incluso, paralizar un tratamiento de nuestros datos que no hayamos consentido o sea perjudicial.

Ante las aplicaciones tecnológicas, siempre se impone la prevención, la vigilancia y en ocasiones la “deshabilitación” absoluta. Sirva de ejemplo, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, que para publicitar la aplicación de “Instagram”, subió una foto a la red social en el que se ve que una de sus webcam está tapada con cinta.  Prevención y control.

De nada sirve la abnegación, y las frases “cuando te ofrecen algo gratis el producto eres tú”, o “los datos de carácter personal son el petróleo del siglo XXI”, sin tomar medidas de protección.

 

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