Cabinas de teléfono en peligro de extinción, nadie las quiere

En España quedan menos 20.000 cabinas telefónicas, en el año 2000 había más de 100.000. Telefónica deberá asumir la gestión y conservación de este servicio de cara a 2017.

Seguro que algunos de los que están leyendo este post no han utilizado jamás una cabina de teléfono público, otros las conocen por ser un icono en la ciudad de Londres y mucho apenas tenemos consciencia de cuando utilizamos una por última vez. Lo cierto es que las cabinas telefónicas dejaron de tener sentido hace años, pero estas piezas de arquitectura urbana (que tantos años han sido la manera de llamar a nuestros también olvidados 'teléfonos fijos)' están dentro del llamado Servicio Universal, regla que obliga a dar ciertos servicios básicos de carácter público.

 La norma establece que tiene que haber al menos una cabina en cada población de más de 1.000 habitantes, además de en que aquellos municipios en los que se crea necesario.

El Ministerio de Industria publicó a finales de septiembre el nuevo concurso para buscar operador que se hiciera cargo del servicio durante cinco años, pero ninguna compañía presentó una propuesta (solo podrían hacerse cargo Movistar, Vodafone y Orange).

La explotación de las cabinas dejo de ser rentable hace años. De hecho, la última vez que el Gobierno ofreció 1,2 millones de euros al operador que se hiciera responsable de mantener el servicio, el concurso también quedó desierto y se obligó a Movistar a hacerse cargo de ellas. Y de nuevo en la misma situación que hace cinco años, el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital, ha decretado que Telefónica se encargará de gestionar ambos servicios durante 2017. Además, el plazo podría ampliarse si finalmente las cabinas continúan incluidas en el servicio universal de telecomunicaciones

Por otro lado la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ha solicitado que los teléfonos públicos no se consideren un servicio universal. En otros países europeos, ya no ha ocurrido así. Sobre todo teniendo que el 88 % de los españoles jamás ha utilizado una cabina y que los costes de mantenimiento que exigen son muy elevados (vandalismo).

El organismo argumenta que al igual que las guías telefónicas en papel ya solo se entregan bajo petición, las cabinas solo se conserven en aquellos lugares en los que haya una necesidad real.

El primer teléfono público se instaló en el Parque de El Retiro de Madrid en 1928 y hoy de las 18.300 operativas, 12.000 no son rentables. Teniendo en cuenta que hace más de 40 años de la primera conversación en teléfono móvil ambas tecnologías han convivido durante casi medio siglo. ¿Será el momento de dejar atrás las cabinas?