Ciencia al servicio de la sociedad

Helena Castán, Salvador Dueñas, Luis Bailón, Héctor García, Benjamín Sahelices y César Vaca conforman el Grupo de Caracterización de Materiales y Dispositivos Electrónicos de la Universidad de Valladolid. Hasta hace pocos meses, Eduardo Pérez colaboraba con estos investigadores; actualmente, su sapiencia está al servicio de un departamento alemán. 

 

Antes de explicar el cometido de este grupo científico, el catedrático Salvador Dueñas hace un importante matiz: «Todo lo que se investiga y se realiza en ciencia, tarde o temprano, acaba teniendo aplicación». Palabras a tener en cuenta.

 

Pero ¿cuál es el ámbito de actuación de este grupo de investigación de la UVa? «Está relacionado con materiales o dispositivos que tienen mucho que ver con la tecnología microelectrónica, que permite hacer circuitos integrados, o lo que es lo mismo, toda la electrónica que va embebida en los sistemas eléctronicos, es decir, a día de hoy, prácticamente en todo. Pero nuestra especialización se encuentra en los materiales dieléctricos, que están en los transistores que son, a su vez, el corazón de los circuitos integrados, fabricados por las multinacionales. En ellos, había un material que servía de aislante, el óxido de silicio, que ha comenzado a fallar a medida que los transistores han reducido sus dimensiones. A partir de ese momento, la industria microelectrónica busca otros materiales, llamados dieléctricos de alta permitividad, que no fallen. Ahí comienza nuestra intervención y nuestras colaboraciones», continúa Salvador Dueñas.

 

Helena Castán añade: «Nuestra principal aportación es la búsqueda de defectos que no se ven a nivel de caracterización física y química, sino cuando el dispositivo está en el estadío electrónico. Hemos comprobado que los dieléctricos de alta permitividad presentan unas propiedades insospechadas en ese momento, porque tienen un comportamiento que puede resultar útil para la fabricación de memorias en semiconductores. Si todo sale bien, esas memorias, las memorias resistivas, serán más sencillas de fabricar, más fiables, más duraderas, más pequeñas y más baratas. Esa es la línea más novedosa de nuestra investigación».

 

Resultados sorprendentes

Hace poco más de dos meses, este grupo de investigación obtuvo unos resultados sorprendentes. «Recibimos la visita de unos colegas estonios de la Universidad de Tartu, que vinieron a conocer nuestras técnicas de medida. Traían consigo unas muestras, muy novedosas, de óxido de titanio sobre óxido de rutenio, materiales exóticos y poco utilizados. Querían ver cómo trabajábamos y..., tuvimos suerte porque con ese material que nos prestaron descubrimos un comportamiento extraordinario, muy repetitivo, que nos permitía meter y sacar datos, como si se tratase de un pendrive, pero que durase mucho más tiempo», añade Castán.

 

Actualmente, su grupo está interpretando cómo se comporta ese material aportado por los estonios, explicando el fenómeno físico que se está produciendo, «y a partir de este momento, mediremos su comportamiento en muestras del mismo material pero en distintas condiciones, distintos espesores, distintas temperaturas de fabricación..., queremos saber cómo responden...».

 

Estos estudios son los primeros, aunque vitales, pasos para que, en un par de años, las memorias resistivas invadan todos los dispositivos tecnológicos imaginables. «Ya hay fábricas que están haciendo este tipo de memorias», recuerda Salvador, quien hace un ejercicio de futurología. «Imaginemos que, después de descubrir aquí un prototipo de memoria resistiva capaz de ser utilizado en todos los dispositivos, en Castilla y León se crea una empresa especializada en su producción. ¿Qué supondría? Generación de riqueza y de puestos de trabajo porque el nicho de mercado es más que evidente. La inversión sería elevada pero el retorno económico resultaría brutal». De momento, es un pensamiento en alto. En un futuro, ¿quién sabe?


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